Carta para Nadal escrita con las pupilas

Carlos Matallanas es periodista, padece ELA y ha escrito este artículo con las pupilas 

Fotos: Benoit (Reuters) y Victoriano Izquierdo


Hola, Rafael, no voy a ser muy original. Es imposible serlo cuando existe tal consenso. Además, hace diez años que me quedé sin palabras ocurrentes, cuando escribía en «El Confidencial» crónicas y análisis de sus victorias y contratiempos. Me tiré el siguiente lustro repitiéndome groseramente. Sé que a mis compañeros periodistas les afecta el mismo mal. Nos ha dejado a todos literalmente sin palabras.

Carlos Matallanas en iRedes 2015

Por eso no voy a gastar renglones para describir lo que todos sabemos. Me gustaría aprovechar esta privilegiada ventana que tengo para hablarle de cómo le veo desde mi situación. Yo he sufrido una terrible derrota, una enfermedad salvaje truncó mi proyecto vital cuando me encontraba en el mejor momento. Según todas las estadísticas de supervivencia media, ya no debería estar aquí. Desde 2016, veo sus partidos postrado en la cama, sin poder moverme. Yo soy un hombre de fútbol, es de las pocas cosas de las que me atrevo a hablar con firmeza y propiedad. Pero por suerte, mis ojos de futbolista me permiten disfrutar de otros deportes sintiendo cercanos sus complejidades y desafíos.

Desde mi modesta afición al tenis de élite, su carrera la he vivido con el gozo y la pasión que comparto con millones de personas en todo el mundo. No soy de idolatrar, ni siquiera a aquellos que me transmiten alegrías y sensaciones inolvidables, pero con usted la admiración es estratosférica. Me he preguntado muchas veces qué es lo que más me engancha de su trayectoria. No es el éxito, eso lo tengo claro, es ruin querer a alguien sólo porque le va bien en la vida. La superación de la adversidad física es lo más épico de sus andanzas, sin duda, pero creo que aún valoro más otras virtudes. En lo estrictamente deportivo me fascina la capacidad de concentración y la templanza en los momentos cruciales, y por supuesto su facilidad para ser más tenaz que todas las estrategias de sus oponentes, lo que a menudo los lleva a la desesperación más absoluta. Asisto a sus derrotas desde el convencimiento de que la frustración por los errores cometidos pesa mucho menos cuando se ha vaciado para jugar al límite de sus posibilidades y conocimientos. Siempre tengo la sensación de que así ha jugado. Todas estas capacidades y otras muchas, como las mejoras en su juego que constantemente incorpora gracias al entrenamiento diario, son grandiosas. Pero, por encima de todo, es… [+] Diario As

Nick Phoenix – Heart of courage

En la prehistoria de Internet

📷 Imagen de John Stanmeyer vencedora del World Press Photo 2014

Cómo hemos cambiado

En la prehistoria de Internet, hace unos 13 años, reinaba la ilusión y las ganas de crear y crecer. Se abrían miles de blogs cada hora. Se creaban nuevas plataformas para publicar on line. Proliferaban los premios y reconocimientos a bloggers. Nacían las redes sociales. Se agitaba el ambiente cada dos por tres con la aparición de revolucionarios dispositivos móviles y cacharros digitales. Había congresos nacionales e internacionales para debatir y conversar. Había hambre por aprender y experimentar. Se ponían en marcha foros y listas de correo para intercambiar opiniones e informaciones. Había mucha comunicación virtual y personal, mucha interactividad…

Ni se lee ni se escucha

Todo eso se está perdiendo. Ahora cada uno va a lo suyo. La conversación apenas existe y cuando la hay llega un pelotón de presuntos/as para destrozarla. Ni se lee con detenimiento ni se escucha al que habla. Los blogs han sido los grandes olvidados y se les ha quitado visibilidad y protagonismo desde los medios. Ya no se presume de tener una comunidad bloguera, ya no mola en los despachos. La blogosfera, salvo excepciones, está sin vida, en silencio, plagada de calles sin nombre. Ahora cada uno «bloguea» en su muro de Facebook sin ser consciente de que lo que publica no queda archivado, tiene apenas unas horas de vida y un recorrido muy corto. Ahora hay una obsesión por las cifras de likes, retuits, followers, usuarios únicos y páginas vistas.

Involución de actitudes

Los congresos sobre comunicación digital y redes sociales están desapareciendo por falta de patrocinadores. Los smartphones y las tablets que se presentan como nuevos son evoluciones de lo ya inventado hace años. Apenas se innova ni se da un giro de 180 grados al hardware que ya conocemos. Se ha perdido aquella sal y pimienta on line que nos incitó en su día a conocer y navegar en el mundo digital. Algunos dirán que todo esto es una evolución comunicativa. Yo creo que estamos ante una involución de actitudes bajo una infoxicación que irrita y una saturación informativa que agota.

Seguimos en la prehistoria de Internet

No sé si a todo esto se le puede aplicar esa máxima de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Lo dudo. Lo que sí creo es que hace 13 años todo era menos interesado, más natural, más tranquilo, más divertido, más edificante y más ilusionante que ahora. Es una sensación, una certeza, una pena. Seguimos en la prehistoria de Internet. Seguimos aprendiendo.

U2 – Where the streets have no name

Busquen otra disculpa para mantener el poderío de Apple y Silicon Valley

Las últimas amenazas del secretario de EE.UU. a Europa reconfirman que todo el culebrón alrededor de Huawei obedece más a una guerra comercial que a un miedo fundado al «ciberespionaje» que presuntamente practica. Mike Pompeo advirtió hoy a la UE de que Estados Unidos cambiará su «conducta» con respecto a la información que comparte con sus socios europeos si no toman medidas contra el gigante tecnológico chino Huawei. La última gota de esta guerra digital global es que la UE no ha vetado a la compañía china, que ofrece un producto muy competitivo para el desarrollo de la tecnología 5G, y eso pone de los nervios a Washington. Pompeo insiste en que la «tecnología del futuro» necesita «valores occidentales» y que el principal objetivo es impedir que la información estadounidense acabe «en manos del Partido Comunista Chino». Pues muy bien.

Cualquiera que surfee un poco en la Red se habrá dado cuenta de que en estos momentos toda la información internetera que manejamos desde Occidente está en manos de multinacionales estadounidenses como Google, Facebook, Amazon o Twitter. Y también se habrá dado cuenta de que nuestros datos son el petróleo del siglo XXI y que hay más que palabras por apropiárselos y comerciar con ellos para inyectarnos en el cerebro contenidos y publicidades a la carta. Lo del «ciberespionaje» de Huawei es comparable al que puede hacer cualquier multinacional de telecomunicaciones estadounidense o europea, así que búsquense otra disculpa para mantener el poderío de Apple y Sillicon Valley. Y, de paso, aparquen la idea de salpicar también a Xiaomi.

Los siguientes datos resumen muy bien lo que pasa. La china Huawei adelanta a Apple y va directa a por Samsung para liderar la venta mundial de teléfonos inteligentes:

Lo malo de todo esto es que estamos completamente en manos estadounidenses en lo que afecta a la Red de redes y podrán seguir haciendo lo que les dé la gana con nuestros datos, opiniones, gustos y carteras. La aldea global elevada al cuadrado en la que ha entrado un actor muy potente e incómodo, con los ojos achinados y los bolsillos llenos de ideas y dólares. El mismo actor chino que ha fabricado con mano de obra muy barata el móvil con el que estás leyendo esto.