«Cállate Cayetana»

«Cállate Cayetana». Esto es lo que musitarán para sus adentros muchos dirigentes, militantes y votantes del Partido Popular cada vez que Cayetana Álvarez de Toledo agarre un micrófono. Que la nueva portavoz del PP en el Congreso esté abonada a la polémica, que haya despreciado a su partido alabando a Rivera y votando a Ciudadanos o que haya criticado a todo el PP postaznarista, parece que no han sido motivos suficientes para que Pablo Casado se lo pensase dos veces antes de ponerle alfombra roja de acceso a la cúpula del partido.

Vivimos tiempos en los que todo parece que gira al revés, también la política. Si lo que ahora se necesitaba era templanza, sosiego, habilidad, diálogo y mucho tacto, la ilógica política apuesta por la carnaza, los bocazas, la desmesura y la hartura. Cayetana es el nuevo dóberman derechón del PP, como buena cachorra que es del siempre mordedor Aznar. Pagarán caro el haber puesto ahí a esta ametralladora de titulares nocivos que dañarán todavía más la imagen del PP, justo ahora que parecía que Génova centraba algún balón. Ellos sabrán, sufrirán y temblarán. Se arrepentirán.

Cansados de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter…

Se nota, se siente, un hartazgo muy creciente. Percibo en mi entorno un notable cansancio hacia WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter… Incluso hacia todo lo que rodea al móvil. Quién no habrá tenido, o tiene, ganas de salirse ya de grupos de WhatsApp que son cementerios digitales, espacios en los que hay que estar (eso creemos) porque están amigos, presuntos amigos, amigos de los presuntos amigos y conocidos a los que saludamos de vista en la vida real. Grupos en los que participan los pocos de siempre y el resto permanece callado, como si no fuese con ellos nada de lo que se comenta o propone.

Quién no habrá tenido la tentación de mandar todo al carajo y empezar de cero en esto de asistir a la retransmisión digital de todo lo que hacemos, pensamos, amamos o detestamos. Sucede lo mismo en Facebook, en Instagram, en Twitter… De la explosión inicial de los me gustas y/o retuits a casi todo, estamos pasando al bando de la indiferencia, a pasar de largo ante semejante caudal de guasaps, posts, fotos o tuits.

Creo que este hartazgo colectivo es bueno y denota que estamos madurando digitalmente. No podemos estar a todo a todas horas. Bien que al principio la ilusión de lo nuevo nos lleve a exprimir la herramienta digital que acabamos de conocer, pero, años después, seguir con ese alocado ritmo de actualización/atención no lo soporta ningún cerebro.

Desde siempre he defendido que hay que seguir a poca gente y que hay que apostar por quienes te aporten buenos contenidos, buenas risas y puntos vista diferentes. También creo que para formarse una opinión mínimamente objetiva hay que seguir a medios de comunicación con líneas editoriales opuestas. Las cosas podremos entenderlas mejor si las vemos con diferentes perspectivas, distancias y ángulos. No todo es blanco o negro y la vida está llena de colores y matices.

Si has llegado a este párrafo y sufres hartazgo digital imparable, si estás hasta las narices de tanto todólogo y postureo, bienvenido al club. Ya somos un pelotón los que optamos por ser más selectivos, por elegir con inteligencia dónde hay que estar y de dónde hay que escapar. Recuerda que tu ecosistema digital lo fabricas tú. Y si te satura o aburre, límpialo. Cuanto antes.

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