El error mortal de entre todos los errores

Escribo esto desde mi nuevo hogar y comparto esta oportuna columna de Paco Sánchez publicada hoy. Es extensiva a todos y todas:

Errores

Lincapacidad para reconocer los errores, para darnos cuenta de que los hemos cometido o para admitirlos como tales, produce mucho más daño que los propios errores, porque nos condena a insistir en ellos. Chesterton lo aplicaba a la vida política y a los políticos, a quienes decía que «es humano cometer errores; el único error mortal de entre todos los errores es el de negar que nos hemos equivocado». Les sugiero que intenten hacer memoria de la última vez en que alguien admitió un error. Probablemente recordarán algún caso, no muchos, de uno o una que supo aceptar un fracaso palmario, obvio. Pero un error…

Hay una respuesta que sigue compareciendo a menudo en cualquier entrevista periodística a cualquier personaje del momento: «No me arrepiento de nada», dicen. Si lo humano es cometer errores, no arrepentirse de nada -además de poco sabio y realista- tiene mucho de inhumano. Pero es… [+] La Voz de Galicia

Suciedad televisiva

Si ensucias todo el rato te acabas manchando. Eso es lo que le está sucediendo a Telecinco estos días con el potente escándalo de la presunta violación ante las cámaras de Gran Hermano, ese espacio agotador y agotado que más que un experimento sociológico –como se llegó a decir– es un pestilente vertedero en sí mismo. Telecinco nos la hinca a todas horas con mucha suciedad televisiva, enriqueciendo hasta el insulto a grupetes que gritan y se ponen a parir ante las cámaras en un programado potaje televisivo que, increíblemente, le sigue gustando a parte de la audiencia. Esos agitadores maquillados viven ahora en auténticas mansiones.

La podredumbre catódica es muy rentable como también lo es el porno en Internet. Eso ya lo sabemos y poco mérito tiene tirar del «todo vale» para inflar cualquier cuenta de resultados y colgarse medallas. Lo que no queremos saber es que ese poso de basura en la pequeña pantalla empobrece socialmente y culturalmente a una parte de la población, ya que vomita a todas horas (ojo, también en horario infantil) un pésimo ejempo de lo que debería ser una televisión privada concedida por el Gobierno de España.