En la prehistoria de Internet

📷 Imagen de John Stanmeyer vencedora del World Press Photo 2014

Cómo hemos cambiado

En la prehistoria de Internet, hace unos 13 años, reinaba la ilusión y las ganas de crear y crecer. Se abrían miles de blogs cada hora. Se creaban nuevas plataformas para publicar on line. Proliferaban los premios y reconocimientos a bloggers. Nacían las redes sociales. Se agitaba el ambiente cada dos por tres con la aparición de revolucionarios dispositivos móviles y cacharros digitales. Había congresos nacionales e internacionales para debatir y conversar. Había hambre por aprender y experimentar. Se ponían en marcha foros y listas de correo para intercambiar opiniones e informaciones. Había mucha comunicación virtual y personal, mucha interactividad…

Ni se lee ni se escucha

Todo eso se está perdiendo. Ahora cada uno va a lo suyo. La conversación apenas existe y cuando la hay llega un pelotón de presuntos/as para destrozarla. Ni se lee con detenimiento ni se escucha al que habla. Los blogs han sido los grandes olvidados y se les ha quitado visibilidad y protagonismo desde los medios. Ya no se presume de tener una comunidad bloguera, ya no mola en los despachos. La blogosfera, salvo excepciones, está sin vida, en silencio, plagada de calles sin nombre. Ahora cada uno «bloguea» en su muro de Facebook sin ser consciente de que lo que publica no queda archivado, tiene apenas unas horas de vida y un recorrido muy corto. Ahora hay una obsesión por las cifras de likes, retuits, followers, usuarios únicos y páginas vistas.

Involución de actitudes

Los congresos sobre comunicación digital y redes sociales están desapareciendo por falta de patrocinadores. Los smartphones y las tablets que se presentan como nuevos son evoluciones de lo ya inventado hace años. Apenas se innova ni se da un giro de 180 grados al hardware que ya conocemos. Se ha perdido aquella sal y pimienta on line que nos incitó en su día a conocer y navegar en el mundo digital. Algunos dirán que todo esto es una evolución comunicativa. Yo creo que estamos ante una involución de actitudes bajo una infoxicación que irrita y una saturación informativa que agota.

Seguimos en la prehistoria de Internet

No sé si a todo esto se le puede aplicar esa máxima de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Lo dudo. Lo que sí creo es que hace 13 años todo era menos interesado, más natural, más tranquilo, más divertido, más edificante y más ilusionante que ahora. Es una sensación, una certeza, una pena. Seguimos en la prehistoria de Internet. Seguimos aprendiendo.

U2 – Where the streets have no name

Regreso al sitio del que nunca teníamos que habernos ido

No seré el primero ni el último en decirlo, pero de un tiempo a esta parte noto un gran hartazgo hacia la saturación comunicativa y social que producen las redes sociales. No las redes en sí, sino el uso masivo, agitado y desproporcionado que los humanos les estamos dando. Hemos pasado del internet de la conversación –con sus listas de blogs preferidos, sus RSS, sus congresos analógicos de cuerpo presente y sus quebraderos de cabeza tecnológicos– al internet ultrarrápido e individualista de la bronca, la banalización y el clickeo permanente. Quizá por eso regreso con fuerza a los blogs y retomo esta bitácora con más ilusión de lo que podría imaginar hace unos meses. Sé un rato largo sobre el estrés que generan las redes sociales y en mi habitual reflexión sobre cómo lograr una dieta informativa adecuada he decidido que si con algo me quedo es con Twitter, Instagram (sólo para colgar fotos) y los blogs. Definitivamente. Facebook y LinkedIn los miro de reojo para no perder contacto con compañeros y amistades y, de paso, para promocionar allí los posts que se me ocurren aquí. Pero poco más.

Twitter es una joya si escapas del ruido y del postureo, si sigues a gente que realmente te aporte. Porque esa gente te llevará a otra gente y otros contenidos que te pueden interesar. Y hete aquí que mientras le daba vueltas a este post, la red social del pajarito me ha brindado hoy un pío pío que me ha hecho esbozar una sonrisa. Un tuit que comprendo y defiendo porque pienso lo mismo desde hace bastante tiempo. Media tropa internetera escribe a destajo en timelines que todo lo devoran y todo se lo llevan sin que haya categorías o archivos donde localizar lo publicado días atrás. Escribir para que nuestras palabras se las lleve la inmediatez, el irreal tiempo real. Escribir casi para la nada.

Justo lo contrario a la magia del blog, donde tecleas reposado, con nocturnidad en mi caso, y donde todo queda perfectamente localizado, lo hayas escrito en el 2005 o el 2015. Donde actualizas y mejoras lo publicado si hace falta.

https://twitter.com/javiercanada/status/1110838056133844992



El tuit en cuestión es un canto a la vuelta a los blogs, un regreso al sitio del que nunca teníamos que habernos ido. Bravo, Javier.

 

Actualización

Otras bitácoras están escribiendo sobre esto, aportando la conclusión de que debemos proteger nuestros contenidos y cuidar nuestros blogs. Amén.

«Le dimos a grandes corporaciones todo nuestro contenido, nuestros mensajes, pensamientos, reflexiones, el valor de nuestro conocimiento. Y comerciaron con el»

Terremoto.net

«Cuidemos nuestros blogs, son nuestro pedazo de terruño en el mar digital»

El blog de Bori

Nueva etapa

Comienza en unos días una nueva etapa de este blog. Porque me da la gana. Dominio propio, nuevo diseño, nuevo alojamiento web y nuevas herramientas para mejorar el posicionamiento y la edición de textos, imágenes y archivos multimedia. En breve estará lista toda la parte técnica y perdonad las molestias que os generen estos cambios. Si queréis suscribiros gratis a La Huella Digital ya he activado los botones adecuados para hacerlo vía correo electrónico, vía Feedly o directamente copiando el feed a vuestro agregador de contenidos.



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Muchas gracias a todos por vuestro interés y paciencia. Qué ganas tenía de volver así.

«Coming back to life» – David Gilmour (Pink Floyd)