Puigdemort

Escribo esto mientras Europa está desconcertada con la desbandada a Bruselas de medio exGovern destituido. Mientras Puigdemont y cinco exconsellers están en paradero desconocido. Mientras no sabemos si este individuo va a comparecer hoy o mañana para explicar si pedirá asilo político a Bélgica o no. Mientras nos informan de que escaparon en varios coches a Marsella y volaron desde allí a Bruselas. Mientras la CUP, Forcadell y la otra mitad del exGovern se sienten engañados por esta fuga ridícula y secreta propia de Mortadelo y Filemón. Mientras España asiste atónita al enésimo capítulo de este irresponsable y mentiroso president que ha engañado, una vez más, a los suyos. Mientras los funcionarios defensores de la “Independent Republic of Catalonia” no saben qué hacer porque no hay Govern, no hay país catalán y no hay nadie que les dé ordenes. Mientras la UE y Moncloa analizan una situación esperpéntica y alocada que ni se le hubiese ocurrido a los guionistas de «Airbag» o de la saga de «Torrente»…

Triste final de un procés que empezó torpe, siguió tramposo y ahora muere fulminado causando sonrojo a los propios independentistas. Me voy quedando sin calificativos para esta huida desesperada del cobarde Puigdemort, un cadáver político que sí o sí acabará entre rejas.

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Bruselas, Caracas y Puigdemort. No me quito las tres palabras de la cabeza…

El día de la irreflexión ante el «simulacro»

En el día de la irreflexión en Cataluña, enlazo con un trabajado post de Jordi Molas, un amigo catalán de tiempos universitarios, en el que argumenta por qué no votará en lo que califica de «simulacro». Pasen y lean:

«Creo firmemente que el fin no justifica los medios. Y si confronto esta creencia, que considero central en mi vida, con los métodos que han utilizado los promotores del 1-O concluyo que han pervertido intencionadamente el verdadero sentido de la política: no han dudado en alterar y manipular contextos históricos, económicos y sociales no para celebrar con garantías el referéndum, sino con el único fin de ganar la votación. Estos son, desde mi punto de vista, los aspectos que hacen que esta convocatoria-movilización, teniendo en origen una motivación legítima, se haya convertido en un relato lleno de falsedades y…

[+] El 1-O y la conciencia individual

Nacionalegoísmo

No hay muchas vueltas que darle. Lo que sucede en Cataluña es fruto de un inmenso egoísmo. La RAE define el egoísmo como «inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás». Si sumamos al ego (el yo) el término nación, surge un neologismo que lo resume todo: el nacionalegoísmo. Todo gira alrededor del yo catalán, del ego patrio, sin pararse a pensar que vivimos en un mundo globalizado, sin apenas fronteras y que recluirse en el terruño es un claro paso atrás. El domingo 1 de octubre centenares de miles de catalanes saldrán a la calle para intentar votar en un referendo ilegal, rechazado por la comunidad internacional, sin detenerse ni un momento a pensar en los pros y contras de semejante decisión colectiva. El resto de catalanes (millones) se quedarán callados en casa, tal y como han hecho en los últimos años, con ese miedo en el cuerpo a traicionar a la tribu secesionista capitaneada ahora por la CUP. Un egoísmo nacional que buena parte del resto de España no entendemos y compartimos porque apostamos por mantener el todo, por seguir remando juntos como país para volver a lograr objetivos tan ejemplares como lo fue en su día Barcelona 92. Pero no hay forma. Una parte de la sociedad catalana sigue callada, silenciada y anulada. La otra –la radical, institucional y ruidosa– acelera a fondo para constituirse en república bananera en medio de Europa, sin rumbo, sin línea de flotación y con las bodegas llenas de oportunistas y vacías de un proyecto sólido de futuro. Ellos quieren cortar amarras. Ellos sabrán. Cuando las corten, que algún día lo harán, ya no habrá cuerdas de rescate ni ganas de buscarlas.