Regreso al sitio del que nunca teníamos que habernos ido

No seré el primero ni el último en decirlo, pero de un tiempo a esta parte noto un gran hartazgo hacia la saturación comunicativa y social que producen las redes sociales. No las redes en sí, sino el uso masivo, agitado y desproporcionado que los humanos les estamos dando. Hemos pasado del internet de la conversación –con sus listas de blogs preferidos, sus RSS, sus congresos analógicos de cuerpo presente y sus quebraderos de cabeza tecnológicos– al internet ultrarrápido e individualista de la bronca, la banalización y el clickeo permanente. Quizá por eso regreso con fuerza a los blogs y retomo esta bitácora con más ilusión de lo que podría imaginar hace unos meses. Sé un rato largo sobre el estrés que generan las redes sociales y en mi habitual reflexión sobre cómo lograr una dieta informativa adecuada he decidido que si con algo me quedo es con Twitter, Instagram (sólo para colgar fotos) y los blogs. Definitivamente. Facebook y LinkedIn los miro de reojo para no perder contacto con compañeros y amistades y, de paso, para promocionar allí los posts que se me ocurren aquí. Pero poco más.

Twitter es una joya si escapas del ruido y del postureo, si sigues a gente que realmente te aporte. Porque esa gente te llevará a otra gente y otros contenidos que te pueden interesar. Y hete aquí que mientras le daba vueltas a este post, la red social del pajarito me ha brindado hoy un pío pío que me ha hecho esbozar una sonrisa. Un tuit que comprendo y defiendo porque pienso lo mismo desde hace bastante tiempo. Media tropa internetera escribe a destajo en timelines que todo lo devoran y todo se lo llevan sin que haya categorías o archivos donde localizar lo publicado días atrás. Escribir para que nuestras palabras se las lleve la inmediatez, el irreal tiempo real. Escribir casi para la nada.

Justo lo contrario a la magia del blog, donde tecleas reposado, con nocturnidad en mi caso, y donde todo queda perfectamente localizado, lo hayas escrito en el 2005 o el 2015. Donde actualizas y mejoras lo publicado si hace falta.

https://twitter.com/javiercanada/status/1110838056133844992



El tuit en cuestión es un canto a la vuelta a los blogs, un regreso al sitio del que nunca teníamos que habernos ido. Bravo, Javier.

 

Actualización

Otras bitácoras están escribiendo sobre esto, aportando la conclusión de que debemos proteger nuestros contenidos y cuidar nuestros blogs. Amén.

«Le dimos a grandes corporaciones todo nuestro contenido, nuestros mensajes, pensamientos, reflexiones, el valor de nuestro conocimiento. Y comerciaron con el»

Terremoto.net

«Cuidemos nuestros blogs, son nuestro pedazo de terruño en el mar digital»

El blog de Bori

Del #MobileFirst al #ReaderFirst

Una vez superado el protocolo Mobile First (los móviles primero) por el cual las webs informativas se rediseñaron para adaptarse automáticamente a los diferentes tamaños de pantalla de ordenadores y dispositivos móviles (smartphones o tablets), ahora toca dar el siguiente paso, el más importante para la profesión perodística: el Reader First (los lectores primero). La carrera de los muros de pago, que durante este año traerá de cabeza a los principales diarios españoles, dejará por fin de lado (aleluya) esa enfermiza obsesión por captar visitas web, el conocido como clickbait, para dar paso a un periodismo por el que merezca la pena pagar.

Calidad, calidad y más calidad

Reader First significa calidad, calidad y más calidad. El periodismo lo salvará el buen periodismo si de una vez por todas respetamos a los lectores y les damos un producto riguroso, digno y profundo en el que no haya ruido, ni ocurrencias, ni modas pasajeras. Buenas piezas periodísticas sobre temas propios, trabajadas por periodistas especializados y que luego hay que vender bien en el papel, en la web y en las redes sociales. Ese es el único camino. Y cuanto antes nos pongamos las botas del buen periodismo mejor nos irá.

Un mundo irreversiblemente digital

Reflexiona José Luis Orihuela:

«La tecnología ha alterado el ecosistema informativo desplazando a los medios y a los periodistas de la función exclusiva de la intermediación editorial. Las redes tienen la capacidad de definir la agenda pública de un modo mucho más inmediato y global del que podía hacer el periodismo […] Las empresas de medios, como las de muchos otros sectores, están abocadas a abrazar el mantra de la transformación digital. Tienen que repensar y rediseñar toda su cadena de valor para adaptarla a un mundo irreversiblemente digital, y tienen que hacerlo mientras sus operaciones “analógicas” sigan reportando ingresos. Pretender explotar las ventajas del viejo entorno hasta su agotamiento sin apostar en serio por sus alternativas, es un camino directo al fracaso».

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