Bienvenidos a la dictadura de lo mediocre

Cuánta razón. Escribe Rodrigo Terrasa:

Piense en un helado de vainilla. No, mejor aún, piense en un sándwich mixto. Aquí tiene una foto para inspirarse. Visualice el mejor sándwich mixto posible, con su jamón caliente, su queso fundido, su pan tostado… ¿Es la mejor comida del mundo? Desde luego que no. ¿Es la peor? Seguro que tampoco. A nadie le disgusta un sándwich mixto pero difícilmente alguien lo elegiría para el menú de su boda o como última cena en el corredor de la muerte. No es un plato brillante, pero para salir del paso nunca está mal; cumple su función. «Perdone, la cocina ya ha cerrado, pero si quiere le podemos hacer un sándwich mixto».

Podríamos decir que el sándwich mixto es un plato sencillamente mediocre. No malo, ojo, me-dio-cre. Es decir, «de calidad media», según estricta definición de la RAE. «De poco mérito». Vamos, del montón.

Ahora olvide el sándwich y mire hacia el despacho de su jefe. Ahí lo tiene. Piense en el profesor de sus hijos o ponga un rato las noticias y fíjese en nuestros políticos. Incluso en la última película de moda o el disco más vendido. El último best seller… ¿No me diga que no le sabe todo a jamón y queso? Bienvenidos a la dictadura de lo mediocre.

«Vivimos un orden en el que la media ha dejado de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y ha pasado a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar», denuncia… [+] El Mundo

Píldoras informativas que agitan conciencias y centrifugan despachos

Cansados de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter…

Se nota, se siente, un hartazgo muy creciente. Percibo en mi entorno un notable cansancio hacia WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter… Incluso hacia todo lo que rodea al móvil. Quién no habrá tenido, o tiene, ganas de salirse ya de grupos de WhatsApp que son cementerios digitales, espacios en los que hay que estar (eso creemos) porque están amigos, presuntos amigos, amigos de los presuntos amigos y conocidos a los que saludamos de vista en la vida real. Grupos en los que participan los pocos de siempre y el resto permanece callado, como si no fuese con ellos nada de lo que se comenta o propone.

Quién no habrá tenido la tentación de mandar todo al carajo y empezar de cero en esto de asistir a la retransmisión digital de todo lo que hacemos, pensamos, amamos o detestamos. Sucede lo mismo en Facebook, en Instagram, en Twitter… De la explosión inicial de los me gustas y/o retuits a casi todo, estamos pasando al bando de la indiferencia, a pasar de largo ante semejante caudal de guasaps, posts, fotos o tuits.

Creo que este hartazgo colectivo es bueno y denota que estamos madurando digitalmente. No podemos estar a todo a todas horas. Bien que al principio la ilusión de lo nuevo nos lleve a exprimir la herramienta digital que acabamos de conocer, pero, años después, seguir con ese alocado ritmo de actualización/atención no lo soporta ningún cerebro.

Desde siempre he defendido que hay que seguir a poca gente y que hay que apostar por quienes te aporten buenos contenidos, buenas risas y puntos vista diferentes. También creo que para formarse una opinión mínimamente objetiva hay que seguir a medios de comunicación con líneas editoriales opuestas. Las cosas podremos entenderlas mejor si las vemos con diferentes perspectivas, distancias y ángulos. No todo es blanco o negro y la vida está llena de colores y matices.

Si has llegado a este párrafo y sufres hartazgo digital imparable, si estás hasta las narices de tanto todólogo y postureo, bienvenido al club. Ya somos un pelotón los que optamos por ser más selectivos, por elegir con inteligencia dónde hay que estar y de dónde hay que escapar. Recuerda que tu ecosistema digital lo fabricas tú. Y si te satura o aburre, límpialo. Cuanto antes.

En la prehistoria de Internet

Dieta informativa

Moby – Slipping away