El error mortal de entre todos los errores

Escribo esto desde mi nuevo hogar y comparto esta oportuna columna de Paco Sánchez publicada hoy. Es extensiva a todos y todas:

Errores

Lincapacidad para reconocer los errores, para darnos cuenta de que los hemos cometido o para admitirlos como tales, produce mucho más daño que los propios errores, porque nos condena a insistir en ellos. Chesterton lo aplicaba a la vida política y a los políticos, a quienes decía que «es humano cometer errores; el único error mortal de entre todos los errores es el de negar que nos hemos equivocado». Les sugiero que intenten hacer memoria de la última vez en que alguien admitió un error. Probablemente recordarán algún caso, no muchos, de uno o una que supo aceptar un fracaso palmario, obvio. Pero un error…

Hay una respuesta que sigue compareciendo a menudo en cualquier entrevista periodística a cualquier personaje del momento: «No me arrepiento de nada», dicen. Si lo humano es cometer errores, no arrepentirse de nada -además de poco sabio y realista- tiene mucho de inhumano. Pero es… [+] La Voz de Galicia

Fantini

Estupenda entrevista de Jorge Casanova al neurocirujano Manuel García Fantini:

– Defínase en pocas palabras.

– Honrado, humano, creo que buen padre y creo que buen hijo.

– Una canción.

Streets of Philadelphia, de Bruce Springsteen.

¿Qué es lo más importante en la vida?

– No hacer daño a nadie. Es la base de todo. 

[+] La Voz de Galicia

Foto: Marcos Míguez

Streets of Philadelphia – Bruce Springsteen

«Una gravísima crisis cultural»

Escribe Paco Sánchez, hoy en la última página de La Voz de Galicia:

Sexo virtual

Han pasado ya once años desde que Nacho de la Fuente y yo lanzamos desde nuestros blogs una campaña conjunta contra la pornografía infantil en Internet. Tuvo un cierto eco, incluso en otros países, pero ninguna eficacia: desde entonces, el número de detenidos por este delito ha crecido tanto que casi no es noticia, y los contenidos de pornografía infantil en las redes se han multiplicado en una proporción todavía mayor, disparatada. The New York Times publicó esta semana un estudio muy concienzudo, que incluye buenos gráficos: hace 20 años, dicen, era un problema; desde hace 10, una epidemia y ahora estamos ante una crisis alarmante.

En 1998 se comunicaron en aquel país —no sé si en forma de denuncia— 3.000 casos de imágenes pornográficas en las que se abusaba de niños. En el 2008 ya alcanzaban los 100.000, que se convirtieron en un millón en el 2014 y en 18,4 millones el año pasado, e incluían referencias a más de 45 millones de fotos y vídeos. Esta locura, por supuesto, parece una nimiedad si se la compara con los cien millones de visitas diarias que recibe alguna página de porno para adultos que, como es obvio, está disponible también para los menores. Y la usan.

La pornografía infantil, con razón, nos escandaliza más que la otra. Pero quizá la otra produce buena parte de los consumidores que disfrutan con la explotación sexual de niños de dos o tres años. El adicto a la pornografía o se harta o termina buscando siempre algo más fuerte, como ocurre con cualquier adicción. Y a veces, incluso intenta convertir en real lo virtual: creciente violencia machista entre los más jóvenes, aumento del número de violaciones, síntomas todos de una gravísima crisis cultural.


1.115 blogs y webs de todo el mundo se sumaron en el 2008 a la blogocampaña. Tuvo repercusión en radios, televisiones y periódicos de alcance nacional. La iniciativa tuvo tanto seguimiento que se repitió el 20 de noviembre –Día Universal del Niño– del 2009 y el 2010.

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