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    España en estado crítico

    En estado crítico. Así sigue España, este país donde criticar es deporte nacional puntuable para las olimpiadas de la estupidez en tiempo real. Todo se critica y vocifera pensando en el siguiente titular o en esos valiosos segundos de apertura en un telediario. Buena prueba de esta lacra son esos políticos trepas, entretenidos ahora en una doble convocatoria electoral decisiva, que aburren criticando al contrario con nula capacidad de autocrítica. Por supuesto, ni hablar de ideas nuevas o propuestas realistas que mejoren la infinidad de problemas que afrontamos los ciudadanos a diario, los mismos que sólo vemos cómo nuestra capacidad adquisitiva se desploma mes a mes. La situación es tan frustrante y desesperante que más del 45% de la población reconoce que no tiene pajolera idea de a quién votar en las próximas elecciones generales.

     
    NASA

    Siempre nos dicen que nuestros votos son nuestras manos para cambiar todo esto, pero ya no cuela. Nuestra clase política no disimula que están ahí para alcanzar el poder. Como sea y contra quien sea. Lo de más es poder decir que aquí mando yo, por mis bemoles. Lo de menos, los pobres contribuyentes que padecemos en cada televisión, quiosco, bar o dispositivo digital las ocurrencias y cambios de chaqueta de la clase política más mediocre, torticera e infantil de nuestra democracia. Lejos quedan los tiempos en los que un mínimo de diálogo, esfuerzo, dignidad, honradez, equidad y pluralidad presidían el complejo juego político. Tan lejos, tan lejos, que hablamos del siglo pasado.