La España incolora

Ahora que resurgen los fanatismos y extremismos deberíamos preguntarnos quiénes son los culpables de que la extrema derecha y la extrema izquierda (primas hermanas en sus formas, excesos y paranoias) hayan subido como la espuma en estos tiempos tan alocados donde nos sobran oportunistas y nos faltan estadistas.

Rescato este post escrito aquí HACE 15 AÑOS que vuelve a estar de máxima actualidad y refleja lo poco que hemos cambiado y lo poco que hemos aprendido TODOS de nuestros errores:

La tercera España

/ La agenda de los políticos y de ciertos medios de comunicación últimamente dista mucho de lo que realmente preocupa a los españoles. La calle empieza a estar hasta las narices de las tensiones territoriales, el localismo paleto, el revisionismo histórico, el regreso del tira y afloja de las dos Españas, la reapertura de viejas heridas, el innecesario debate sobre si eres rojo o azul o verde o naranja o fucsia…. Ya cansa. Dejemos de perder el tiempo en rencores, fanatismos, partidismos y deudas históricas. Señores gobernantes y señores de la oposición, si no quieren que se les acabe el «chollo» céntrense en el presente y en el futuro, que para eso han sido elegidos. Y aparquen sus rencillas de patio de colegio. Les mira atentamente una tercera España incolora: la más silenciosa y resolutiva, la que no está afiliada a nada y a nadie, la que siempre decide quién será el próximo presidente. La que falta por saltar a la política…

Aunque suena utópico, lo digo: pacten y consensúen ideas y soluciones sobre asuntos de interés general para la ciudadanía, dignifiquen un poco su profesión [si es posible] y aprovechen su histórico paso por los cargos de responsabilidad. Bastante tiempo perdimos el siglo pasado [40 años] como para despreciar cada minuto de este siglo XXI.

«Vox es lo peor que le ha pasado a España en mucho tiempo»

Una vez más, copio y pego lo que escribe Tino Novoa:

Son días de dolor. El luto tiñe España de negro. Y no queda otra que llorar a los muertos, apretar los dientes y, con el corazón encogido, luchar para salir adelante. Porque, por muy negro que sea el presente, siempre hay una luz que nos guía hacia el futuro. Ese futuro que nos quieren negar. No el virus que tiñe de negro España, sino esa España negra que tantos futuros nos ha arruinado en el pasado y que, una vez más, intenta dejarnos otra vez sin él. El luto, aunque cueste, se supera, porque el ser humano está acostumbrado a domar el dolor. Es mucho más difícil arrancar las raíces del odio cuando este arraiga en nuestro interior y se apodera de nosotros. Con aciertos y errores, como todos, como siempre, el Gobierno hace lo que debe. Es su obligación, es su responsabilidad. Para eso lo elegimos.

Podemos estar de acuerdo en algunos casos, en absoluto desacuerdo en otros. Es lo que tiene tomar decisiones, que cada una es un riesgo de cometer un error. Y este Gobierno, como absolutamente todos los gobiernos del mundo, han cometido más de uno en esta lucha contra un enemigo desconocido. Cuando un barco se hunde, lo primero, lo fundamental, lo crítico es salvar a las personas, o al máximo número de personas si no se puede con todas. Ya habrá tiempo a continuación de analizar qué ha pasado, por qué se ha hundido y depurar las responsabilidades correspondientes para que quienes deban paguen el precio que corresponda.

«Criminales son quienes aprovechan el dolor ciudadano para sembrar y extender el odio, para corroer el tejido civil y carcomerlo con el rencor»

Tenemos un Gobierno legítimo que, con mayor o menor acierto, cumple con su deber. Y sus fallos no lo convierten en un Gobierno criminal. Criminales son quienes aprovechan el dolor ciudadano para sembrar y extender el odio, para corroer el tejido civil y carcomerlo con el rencor. En democracia, la crítica y el control al Ejecutivo son esenciales, ineludibles e inexcusables en todo momento. Pero criticar no es deslegitimar, controlar no es atacar sin medida y arrasando todo lo que se pille por el camino. La crítica requiere argumentos, no mentiras, calumnias, infundios ni difamaciones. Controlar es vigilar, no acosar, hostigar, destruir puentes e incendiar todo lo que nos une como sociedad.

En España, hace tiempo que la política se ha convertido en un lodazal que poco a poco nos va enfangado más y más como país. El sectarismo, el fanatismo y la intransigencia han ido ganando terreno progresivamente. El maniqueísmo y las actitudes totalitarias que algunos, ingenuamente, pensamos que ya eran cosas del pasado resurgen con inusitado brío. Comportamientos que creíamos residuales y vestigios de un horrendo pasado, vuelven a amenazar nuestro futuro. Vox es lo peor que le ha pasado a España en mucho tiempo. Por muchos votos que tenga, porque los votos no justifican cualquier cosa. Ni lo justifica cuando los independentistas pretenden obviar las leyes, ni lo justifica cuando los totalitarios intentan destruir el espacio común y la legitimidad de las instituciones democráticas.

«Inmunizarnos contra el fanatismo, la intolerancia y el sectarismo es tan importante como inmunizarnos contra el virus»

Y no están solos. Aunque las redes sociales han convertido el espacio público en un gran estercolero, en una barra de bar sin límites, la prensa, los medios de comunicación están contribuyendo en gran medida a expandir el virus del odio y a socavar la legitimidad de las instituciones democráticas. No toda, pero sí esa prensa, esos (mal llamados) periodistas que han renunciado a interpretar y explicar la realidad, con sus mil matices y sombras, para propagar una verdad única que no existe más allá de sus cabezas y de sus intereses. Esa prensa, esos periodistas sectarios que solo abonan el fanatismo a base de falsear y tergiversar las cosas, cuando no mentir a conciencia; de esconder lo que no conviene a su visión y magnificar aquello que encaja con su propósito, aunque sea testimonial o marginal; esos periodistas que esconden su ignorancia, desidia o incompetencia con informaciones incompletas, no contrastadas, parciales o directamente manipuladas, cuando no falsas. Por eso, es importante, crítico diría yo, aislar esa carcoma que está corroyendo una profesión tan digna y necesaria como la periodística para salvar a los medios que aun siguen haciendo bien su trabajo y cumpliendo con su trascendente función social de informar con veracidad y respeto a la deontología que le es propia.

Son días negros. Pero en nuestra mano está que no lo sea el futuro. Frenar a quienes están sembrando el odio es tan importante como derrotar al virus. Inmunizarnos contra el fanatismo, la intolerancia y el sectarismo es tan importante como inmunizarnos contra el virus. Solo así acabaremos con los nubarrones que amenazan nuestro futuro y volveremos a disfrutar del sol, la buena vida y, cuanto antes, por favor, de los paseos.

Artículo publicado en Facebook

Nuestros abuelos lo merecen

En una semana exacta se celebra la jornada de reflexión de las cuartas elecciones generales en España en cuatro años con la intención de voto de mucha gente por los suelos. Anoche arrancó oficialmente la campaña que llevamos meses, más bien años, soportando y la tónica general es deprimente. Una vez más, la inmensa mayoría de nuestros políticos siguen con su policrispación permanente mediante cruces de insultos, descalificaciones, desvaríos, datos falsos y –un actor nuevo en España– el pago en redes sociales de campañas de descrédito hacia los rivales sin dar la cara.

Los candidatos en España –que por cierto siguen siendo los mismos que las pasadas elecciones– no han lanzado ni una sola propuesta creíble para solucionar nuestros problemas. Ni una. Rebajar todos los impuestos y prometer al mismo tiempo más gasto en asuntos sociales, sanidad, educación o infraestructuras no es creíble porque es sencillamente imposible. Si no hay más ingresos no puede haber más gastos. Esta absurdez se suelta en el mismo país que arrastra una monumental deuda pública que supera el BILLÓN de euros (en agosto batió el récord al sumar 1.200.005 millones, el 99% del Producto Interior Bruto).

Así estamos. Con el país endeudado hasta las cejas, con la clase política más mediocre y hueca de nuestra democracia, con un par de generaciones con serias dificultades para llegar a un sueldo digno con el que poder crear una familia, con un tercio de los votantes sin saber a quién darán esta vez su voto y con el frente catalán pijosecesionistaburgués del 3% intentando reventarlo todo. Queda una semana para las elecciones y lo que tengo claro es que la opción de quedarse en casa y no hacer nada es la menos democrática de todas.

 

Nuestros abuelos lucharon a muerte contra una dictadura para que sus hijos y nietos pudiesen votar libremente en una España democrática. Sólo por ellos, y en su memoria, merecerá la pena mover otra vez el culo del sofá el 10N y votar a quien nos dé la santa gana. Las heridas de la democracia se curan con más democracia. Así que dejemos de quejarnos cada vez que tengamos que ir a votar. Afortunados que somos de poder hacerlo.

Bella Ciao – TriGO!