A ver si de esta vez realmente nos escuchan y se dejan de soplapolleces

Ya es septiembre. Se acabaron las largas, inmensas, insultantes y excesivas vacaciones para sus señorías. Arranca el tedioso curso político, los programas estrella de la radio y la televisión, la información acelerada e interesada y las notificaciones políticas ultraimportantes en nuestros móviles. Regresa la rutina cansina de comprobar que la clase política de este país habla mucho y hace muy poco. Este lunes se cumplen 127 días de un Gobierno en funciones con la sensación generalizada de que vamos directos a unas elecciones el 10 de noviembre. Si hasta ahora todos los movimientos que vimos fueron puro teatro, lo que veremos este septiembre será una tragicomedia que nos hará llorar de hastío o de risa.

Por un lado está el PSOE con ese quiero y no puedo que no oculta su gran deseo demoscópico: ir a elecciones para «tumbar» teóricamente a todos en las urnas. Ya veremos… Por otro lado está Podemos en modo desesperación permanente ante el nuevo desplome electoral que se le avecina por sus deslealtades en dos investiduras consecutivas y sus ansias por arañar poltronas de la casta.

En el otro bando está el PP más derechón, que aspira a gobernar el país con esa coalición electoral «España Suma» a la que nadie se quiere apuntar; Ciudadanos que sigue con su estrategia suicida de culpar/bloquear al resto y de escapar de todo lo que prometió; y Vox, que aún no se cree que tenga tantos escaños en el Congreso y tanta visibilidad mediática.

Lo dicho, vamos directos a elecciones por muchos aspavientos que veamos estos días, por mucho periodismo declarativo que soportemos y por mucho alarmismo al rojo vivo que suelten los todólogos en esas tertulias-espectáculo prefabricadas. El 10N hablamos nosotros de nuevo. A ver si de esta vez realmente nos escuchan y se dejan de soplapolleces.

José María García sigue disparando contra todo lo que se mueve

El misterioso algoritmo de Google, concretamente el aplicado en YouTube, me llevó anoche a esta interesante entrevista al mítico periodista José María García «Butanito» que emitió hace tiempo TV3. En ella García vuelve a disparar contra todo lo que se mueve afirmando que España, como país, «está en Tercera División». Con su estilo y agresividad inconfundibles –gracias a ello ha cosechado infinidad de seguidores y detractores– en esta entrevista hace un repaso a la «nefasta realidad» mediática, política, judicial, económica y deportiva dejando a muchos títeres sin cabeza y reafirmándose en la cantidad de «abrazafarolas» y «lametraserillos» que siguen pululando por tantos despachos.

El que nos informó/entretuvo con nocturnidad y alevosía y fue posiblemente el periodista mejor pagado de Europa –en su último contrato anual figuraban 2.000 millones de las antiguas pesetas para él solito– lleva casi 20 años fuera de las ondas, con lo cual es un perfecto desconocido para las nuevas generaciones. Se rumorea mucho sobre su regreso, pero él lo niega que vuelva a ponerse delante de un micrófono.


YouTube está plagado de entrevistas y conferencias de «Supergarcía» en los últimos años, en las que, sin despojarse de la arrogancia y superioridad que le caracterizan, repite las mismas ideas bajo ese halo, propio de la jubilación, de que «cualquier tiempo pasado fue mejor».

Ríanse o cabréense, que Jose María García no vino para callarse.

«Cállate Cayetana»

«Cállate Cayetana». Esto es lo que musitarán para sus adentros muchos dirigentes, militantes y votantes del Partido Popular cada vez que Cayetana Álvarez de Toledo agarre un micrófono. Que la nueva portavoz del PP en el Congreso esté abonada a la polémica, que haya despreciado a su partido alabando a Rivera y votando a Ciudadanos o que haya criticado a todo el PP postaznarista, parece que no han sido motivos suficientes para que Pablo Casado se lo pensase dos veces antes de ponerle alfombra roja de acceso a la cúpula del partido.

Vivimos tiempos en los que todo parece que gira al revés, también la política. Si lo que ahora se necesitaba era templanza, sosiego, habilidad, diálogo y mucho tacto, la ilógica política apuesta por la carnaza, los bocazas, la desmesura y la hartura. Cayetana es el nuevo dóberman derechón del PP, como buena cachorra que es del siempre mordedor Aznar. Pagarán caro el haber puesto ahí a esta ametralladora de titulares nocivos que dañarán todavía más la imagen del PP, justo ahora que parecía que Génova centraba algún balón. Ellos sabrán, sufrirán y temblarán. Se arrepentirán.