Wikipedia crea su propia red social

Wikipedia se lanza al vacío y crea su propia red social. Surgen las eternas preguntas cada vez que alguien pone en marcha una red de redes. ¿Podrá tumbar WT: Social al por ahora intocable Facebook, el mismo que le importa un pimiento a nuestros adolescentes? ¿Podrá esta nueva red social cuajar entre el gran público? Copio y pego y de paso me registro:

Comentarios de odio, manipulaciones, escándalos de datos: la imagen de Facebook, la red social en línea más grande del mundo, ha sufrido mucho. Jimmy Wales, el fundador de la enciclopedia en internet Wikipedia, quiere ahora construir un modelo contrario. «Mi idea es transferir los principios de Wikipedia a una red social», dijo Wales en la feria Digital X en Colonia. Wikipedia no tiene publicidad y se financia exclusivamente con donaciones de una pequeña parte de los usuarios.

«Adiós, Facebook, es hora de algo nuevo», dijo Wales en referencia a esta red social, que se financia exclusivamente con publicidad personalizada. Este modelo se basa en la indignación y la emoción de los usuarios para con ello generar tantos clics como sea posible, expresó Wales. La nueva red WT: Social de este empresario de 53 años está pensada para operar bien sin publicidad, como su prominente plataforma Wikipedia.

«¿Te imaginas una red social donde toda la comunidad pueda editar los contenidos?», preguntó Wales a la audiencia en Colonia. En este sentido, el trabajo colaborativo y el trabajo basado en hechos debería desempeñar un papel importante en la nueva red. Por el momento, la plataforma se encuentra en la fase de inicio, con dos… [+] dw.com

Cansados de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter…

Se nota, se siente, un hartazgo muy creciente. Percibo en mi entorno un notable cansancio hacia WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter… Incluso hacia todo lo que rodea al móvil. Quién no habrá tenido, o tiene, ganas de salirse ya de grupos de WhatsApp que son cementerios digitales, espacios en los que hay que estar (eso creemos) porque están amigos, presuntos amigos, amigos de los presuntos amigos y conocidos a los que saludamos de vista en la vida real. Grupos en los que participan los pocos de siempre y el resto permanece callado, como si no fuese con ellos nada de lo que se comenta o propone.

Quién no habrá tenido la tentación de mandar todo al carajo y empezar de cero en esto de asistir a la retransmisión digital de todo lo que hacemos, pensamos, amamos o detestamos. Sucede lo mismo en Facebook, en Instagram, en Twitter… De la explosión inicial de los me gustas y/o retuits a casi todo, estamos pasando al bando de la indiferencia, a pasar de largo ante semejante caudal de guasaps, posts, fotos o tuits.

Creo que este hartazgo colectivo es bueno y denota que estamos madurando digitalmente. No podemos estar a todo a todas horas. Bien que al principio la ilusión de lo nuevo nos lleve a exprimir la herramienta digital que acabamos de conocer, pero, años después, seguir con ese alocado ritmo de actualización/atención no lo soporta ningún cerebro.

Desde siempre he defendido que hay que seguir a poca gente y que hay que apostar por quienes te aporten buenos contenidos, buenas risas y puntos vista diferentes. También creo que para formarse una opinión mínimamente objetiva hay que seguir a medios de comunicación con líneas editoriales opuestas. Las cosas podremos entenderlas mejor si las vemos con diferentes perspectivas, distancias y ángulos. No todo es blanco o negro y la vida está llena de colores y matices.

Si has llegado a este párrafo y sufres hartazgo digital imparable, si estás hasta las narices de tanto todólogo y postureo, bienvenido al club. Ya somos un pelotón los que optamos por ser más selectivos, por elegir con inteligencia dónde hay que estar y de dónde hay que escapar. Recuerda que tu ecosistema digital lo fabricas tú. Y si te satura o aburre, límpialo. Cuanto antes.

En la prehistoria de Internet

Dieta informativa

Moby – Slipping away

En la prehistoria de Internet

📷 Imagen de John Stanmeyer vencedora del World Press Photo 2014

Cómo hemos cambiado

En la prehistoria de Internet, hace unos 13 años, reinaba la ilusión y las ganas de crear y crecer. Se abrían miles de blogs cada hora. Se creaban nuevas plataformas para publicar on line. Proliferaban los premios y reconocimientos a bloggers. Nacían las redes sociales. Se agitaba el ambiente cada dos por tres con la aparición de revolucionarios dispositivos móviles y cacharros digitales. Había congresos nacionales e internacionales para debatir y conversar. Había hambre por aprender y experimentar. Se ponían en marcha foros y listas de correo para intercambiar opiniones e informaciones. Había mucha comunicación virtual y personal, mucha interactividad…

Ni se lee ni se escucha

Todo eso se está perdiendo. Ahora cada uno va a lo suyo. La conversación apenas existe y cuando la hay llega un pelotón de presuntos/as para destrozarla. Ni se lee con detenimiento ni se escucha al que habla. Los blogs han sido los grandes olvidados y se les ha quitado visibilidad y protagonismo en casi todos los medios. Ya no se presume de tener una comunidad bloguera, ya no gusta en los interesados altos despachos. La blogosfera –salvo excepciones– está sin vida, en silencio, plagada de cementerios digitales con calles sin nombre. Ahora cada uno «bloguea» en su muro de Facebook sin ser consciente de que lo que publica no queda archivado, tiene apenas unas horas de vida y un recorrido muy corto. Ahora hay una obsesión por las cifras de likes, retuits, followers, usuarios únicos y páginas vistas.

Involución de actitudes

Los congresos sobre comunicación digital y redes sociales están desapareciendo por falta de patrocinadores. Los smartphones y las tablets que se presentan como nuevos son evoluciones de lo ya inventado hace años. Apenas se innova ni se da un giro de 180 grados al hardware que ya conocemos. Se ha perdido aquella sal y pimienta on line que nos incitó en su día a conocer y navegar en el mundo digital. Algunos dirán que todo esto es una evolución comunicativa. Yo creo que estamos ante una involución de actitudes bajo una infoxicación que irrita y una saturación informativa que agota.

Seguimos en la prehistoria de Internet

No sé si a todo esto se le puede aplicar esa máxima de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Lo dudo. Lo que sí creo es que hace 13 años todo era menos interesado, más natural, más tranquilo, más divertido, más edificante y más ilusionante que ahora. Es una sensación, una certeza, una pena. Seguimos en la prehistoria de Internet. Seguimos aprendiendo.

U2 – Where the streets have no name