En la prehistoria de Internet

📷 Foto de John Stanmeyer vencedora del World Press Photo 2014

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En la prehistoria de Internet, hace unos 10 años, reinaba la ilusión y las ganas de crear y crecer. Se abrían miles de blogs cada hora. Se creaban nuevas plataformas para publicar on line. Proliferaban los premios y reconocimientos a bloggers. Nacían las redes sociales. Se agitaba el ambiente cada dos por tres con la aparición de revolucionarios dispositivos móviles y gadgets. Había congresos nacionales e internacionales para debatir y conversar. Había hambre por aprender y experimentar. Se ponían en marcha foros y listas de correo para intercambiar opiniones e informaciones. Había mucha comunicación virtual y personal, mucha interactividad…

Todo eso se está perdiendo. Ahora cada uno va a lo suyo. La conversación apenas existe y cuando la hay llega un pelotón de presuntos/as para destrozarla. Ni se lee con detenimiento ni se escucha al que habla. Los blogs han sido los grandes olvidados y se les ha quitado visibilidad y protagonismo desde los medios. Ya no se presume de tener una comunidad bloguera, ya no mola en los despachos. La blogosfera, salvo excepciones, está sin vida, en silencio, plagada de calles sin nombre. Ahora cada uno «bloguea» en su muro de Facebook sin ser consciente de que lo que publica no queda archivado, tiene apenas unas horas de vida y un recorrido muy corto. Ahora hay una obsesión por las cifras de likes, retuits, followers, usuarios únicos y páginas vistas.

Los congresos sobre comunicación digital y redes sociales están desapareciendo por falta de patrocinadores. Los smartphones y las tablets que se presentan como nuevos son evoluciones de lo ya inventado hace años. Apenas se innova ni se da un giro de 180 grados al hardware que ya conocemos. Se ha perdido aquella sal y pimienta on line que nos incitó en su día a conocer y surfear en el mundo digital. Algunos dirán que todo esto es una evolución comunicativa. Yo creo que estamos ante una involución de actitudes bajo una infoxicación que irrita y una saturación informativa que agota.

No sé si a todo esto se le puede aplicar esa máxima de que «cualquier tiempo pasado fue mejor». Lo dudo. Lo que sí creo es que hace 10 años todo era menos interesado, más natural, más tranquilo, más divertido, más edificante y más ilusionante que ahora. Es una sensación, una certeza, una pena. Seguimos en la prehistoria de Internet. Seguimos aprendiendo.

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280 caracteres

Twitter se la juega de verdad al ampliar desde hoy el límite de caracteres por tuit a 280 para todos sus usuarios. ¿Haremos tuits largos o apostaremos, como hasta ahora, por la brevedad? Lanzo esta encuesta tuitera para saber qué os parece el cambio y si, como predicen algunos, esos 280 caracteres pueden lastrar el futuro de Twitter como la red social ultrarrápida por excelencia.

La lógica aplastante de los cerebros «bajitos»

Profesor versus niño de 7 años. Pregunta cerrada para el adulto, abierta para el niño. Los dos tienen razón, pero la forma de pensar del renacuajo tumba a la del docente. Bendita lógica aplastante de los cerebros «bajitos», que tienen la virtud de ver y pensar limpio, sin imposiciones ni ataduras. El profe sentencia que el ejercicio de matemáticas está mal, pero la sociedad ya le ha puesto un 10 de los grandes al niño gracias a este tuit de su padre, que ya roza los 100.000 retuits en apenas dos días.

Muchas gracias a las redes sociales bien usadas –sin ruido, ni agresividad, ni expertos en todo– porque nos brindan joyas como esta.