Cansados de WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter…

Se nota, se siente, un hartazgo muy creciente. Percibo en mi entorno un notable cansancio hacia WhatsApp, Facebook, Instagram, Twitter… Incluso hacia todo lo que rodea al móvil. Quién no habrá tenido, o tiene, ganas de salirse ya de grupos de WhatsApp que son cementerios digitales, espacios en los que hay que estar (eso creemos) porque están amigos, presuntos amigos, amigos de los presuntos amigos y conocidos a los que saludamos de vista en la vida real. Grupos en los que participan los pocos de siempre y el resto permanece callado, como si no fuese con ellos nada de lo que se comenta o propone.

Quién no habrá tenido la tentación de mandar todo al carajo y empezar de cero en esto de asistir a la retransmisión digital de todo lo que hacemos, pensamos, amamos o detestamos. Sucede lo mismo en Facebook, en Instagram, en Twitter… De la explosión inicial de los me gustas y/o retuits a casi todo, estamos pasando al bando de la indiferencia, a pasar de largo ante semejante caudal de guasaps, posts, fotos o tuits.

Creo que este hartazgo colectivo es bueno y denota que estamos madurando digitalmente. No podemos estar a todo a todas horas. Bien que al principio la ilusión de lo nuevo nos lleve a exprimir la herramienta digital que acabamos de conocer, pero, años después, seguir con ese alocado ritmo de actualización/atención no lo soporta ningún cerebro.

Desde siempre he defendido que hay que seguir a poca gente y que hay que apostar por quienes te aporten buenos contenidos, buenas risas y puntos vista diferentes. También creo que para formarse una opinión mínimamente objetiva hay que seguir a medios de comunicación con líneas editoriales opuestas. Las cosas podremos entenderlas mejor si las vemos con diferentes perspectivas, distancias y ángulos. No todo es blanco o negro y la vida está llena de colores y matices.

Si has llegado a este párrafo y sufres hartazgo digital imparable, si estás hasta las narices de tanto todólogo y postureo, bienvenido al club. Ya somos un pelotón los que optamos por ser más selectivos, por elegir con inteligencia dónde hay que estar y de dónde hay que escapar. Recuerda que tu ecosistema digital lo fabricas tú. Y si te satura o aburre, límpialo. Cuanto antes.

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Moby – Slipping away

Busquen otra disculpa para mantener el poderío de Apple y Silicon Valley

Las últimas amenazas del secretario de EE.UU. a Europa reconfirman que todo el culebrón alrededor de Huawei obedece más a una guerra comercial que a un miedo fundado al «ciberespionaje» que presuntamente practica. Mike Pompeo advirtió hoy a la UE de que Estados Unidos cambiará su «conducta» con respecto a la información que comparte con sus socios europeos si no toman medidas contra el gigante tecnológico chino Huawei. La última gota de esta guerra digital global es que la UE no ha vetado a la compañía china, que ofrece un producto muy competitivo para el desarrollo de la tecnología 5G, y eso pone de los nervios a Washington. Pompeo insiste en que la «tecnología del futuro» necesita «valores occidentales» y que el principal objetivo es impedir que la información estadounidense acabe «en manos del Partido Comunista Chino». Pues muy bien.

Cualquiera que surfee un poco en la Red se habrá dado cuenta de que en estos momentos toda la información internetera que manejamos desde Occidente está en manos de multinacionales estadounidenses como Google, Facebook, Amazon o Twitter. Y también se habrá dado cuenta de que nuestros datos son el petróleo del siglo XXI y que hay más que palabras por apropiárselos y comerciar con ellos para inyectarnos en el cerebro contenidos y publicidades a la carta. Lo del «ciberespionaje» de Huawei es comparable al que puede hacer cualquier multinacional de telecomunicaciones estadounidense o europea, así que búsquense otra disculpa para mantener el poderío de Apple y Sillicon Valley. Y, de paso, aparquen la idea de salpicar también a Xiaomi.

Los siguientes datos resumen muy bien lo que pasa. La china Huawei adelanta a Apple y va directa a por Samsung para liderar la venta mundial de teléfonos inteligentes:

Lo malo de todo esto es que estamos completamente en manos estadounidenses en lo que afecta a la Red de redes y podrán seguir haciendo lo que les dé la gana con nuestros datos, opiniones, gustos y carteras. La aldea global elevada al cuadrado en la que ha entrado un actor muy potente e incómodo, con los ojos achinados y los bolsillos llenos de ideas y dólares. El mismo actor chino que ha fabricado con mano de obra muy barata el móvil con el que estás leyendo esto.

Xiaomi, sólo 8 años de conquista global

Empecé a oir hablar de Xiaomi hace apenas un año cuando estuve curioseando móviles de bajo precio para regalarle uno a mi hijo de 12 años. Hasta ese momento era una marca completamente desconocida para mí y un par de amigos me la recomendaron. A pesar de mi desconfianza hacia las marcas «extrañas», les hice caso. Con el paso del tiempo, ya tengo muy claro que su recomendación fue estupenda. Y tanto. En 12 meses varias personas de mi entorno ya tienen un smartphone Xiaomi en su bolsillo con unos precios, capacidades y prestaciones que dejan la boca abierta a cualquiera.

Buceando un poco en la Red, descubres que esta empresa china ha sido creada hace tan sólo 9 años y que –aparte de smartphones y tablets– también fabrica electrodomésticos, relojes, pulseras inteligentes, televisores, auriculares, routers, sistemas wifi, baterías para viviendas, drones, toallas, zapatillas inteligentes, camisetas, mochilas, patinetes eléctricos y ahora… coches. Sí, su producto más costoso será un SUV bajo la marca Redmi. Incluso se rumorea que no tardará en dar el salto a los coches eléctricos, un sector al que se sumarán marcas impensables hace años debido al boom que viene y a la sencillez «mecánica» de estos vehículos: Cuatro ruedas, suspensiones, frenos, uno o varios motores eléctricos, una batería potente y un buen sistema operativo que lo controle todo.



Xiaomi nació antes de ayer, en el 2010, su sede está en Pekín y basa su negocio en romper con los márgenes comerciales vendiendo casi todo vía Internet a precios muy bajos y sin que eso afecte a la calidad de sus productos. De hecho, Xiaomi se convirtió en muy pocos años en el cuarto fabricante mundial de smartphones –detrás de Samsung, Huawei y Apple– y no tardará mucho tiempo en subirse al podio tecnológico. En el 2013, tres años después de nacer, fichó al vicepresidente de Google Hugo Barra –hasta ese momento encargado del sistema operativo Android–con la intención de impulsar internacionalmente a la empresa china. Y vaya si lo logró. En octubre de ese mismo año Xiaomi puso a la venta su modelo Mi3 y sus primeras 100.000 unidades se vendieron por Internet ¡en sólo 86 segundos!, según anunció la empresa.

El impresionante éxito del conocido como el «Apple chino» es un buen ejemplo de que Occidente está siendo merendado por el gigante mandarín sin complejo alguno y sin que apenas nos demos cuenta. Si hace años recurrimos a la mano de obra barata de los chinos y les enseñamos a fabricar los productos premium que consumimos en el resto del mundo, ahora son ellos los que nos devuelven la pelota fabricando allí sus productos a un altísimo nivel y luego vendiéndolos aquí con una relación calidad-precio insuperable que saca los colores a nuestras tecnológicas.