Cuando el dinero apesta

De rebote y gracias a la nueva faceta «youtuber» del incombustible Eduardo Arcos, llego al interesante primer capítulo de la serie documental «Dirty money» en Netflix (aquí puedes verlo) sobre la macroestafa de Volkswagen al trampear las emisiones de sus coches. El conocido como «Dieselgate» destapó que Volkswagen ( y otras marcas) modificó con descaro el software de sus vehículos diésel más limpios (ejem) para que en las pruebas oficiales arrojasen unas emisiones casi con pétalos de flor sin perder los motores ni un gramo de potencia y aceleración. La realidad fue muy distinta cuando se hicieron esas mismas pruebas en carretera y con tráfico real, detectándose emisiones hasta ¡40 veces por encima! Tremendo fraude.

Traigo a colación el muy recomendable «Dirty money» por la enorme cantidad de estupideces y absurdeces que se están publicando últimamente sobre las bondades de los nuevos motores diésel con el único objetivo de desprestigiar el imparable salto al coche eléctrico. Hasta un niño de cinco años entendería que un eléctrico no tiene escape y produce CERO emisiones en su vida útil y cualquier motor de combustión –sea diésel o gasolina– emite gases nocivos a mansalva. Desde el minuto 1.

Las petroleras y las firmas de automóviles presionan para que no se hable alto de la movilidad eléctrica. Cualquier tonto se da cuenta de esto. Pero una cosa es el márketing y algo muy diferente es el periodismo profesional. El primero es para vender bien y el segundo para informar mejor. La publicidad en los medios no puede pisotear el rigor y la veracidad. Nunca. Publicar falsedades apoyándose en seudoestudios «científicos» sin validez alguna es engañar a la audiencia. Es mentir.

Pero todo es cínicamente cíclico. Las mismas marcas que ahora están de los nervios porque no venden sus coches contaminantes, en muy pocos años se dejarán la piel por meternos en el garaje vehículos electricos limpios de verdad. Esas mismas marcas pondrán anuncios de coches eléctricos en los mismos medios que desprestigian ahora cualquier cosa que huela a movilidad eléctrica. Todo está cambiando a velocidades supersónicas. Hasta las grandes petroleras comienzan a invertir fuerte en eléctricas y en energías limpias. El que no lo vea, que se frote los ojos.

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