Bienvenidos a la dictadura de lo mediocre

Cuánta razón. Escribe Rodrigo Terrasa:

Piense en un helado de vainilla. No, mejor aún, piense en un sándwich mixto. Aquí tiene una foto para inspirarse. Visualice el mejor sándwich mixto posible, con su jamón caliente, su queso fundido, su pan tostado… ¿Es la mejor comida del mundo? Desde luego que no. ¿Es la peor? Seguro que tampoco. A nadie le disgusta un sándwich mixto pero difícilmente alguien lo elegiría para el menú de su boda o como última cena en el corredor de la muerte. No es un plato brillante, pero para salir del paso nunca está mal; cumple su función. «Perdone, la cocina ya ha cerrado, pero si quiere le podemos hacer un sándwich mixto».

Podríamos decir que el sándwich mixto es un plato sencillamente mediocre. No malo, ojo, me-dio-cre. Es decir, «de calidad media», según estricta definición de la RAE. «De poco mérito». Vamos, del montón.

Ahora olvide el sándwich y mire hacia el despacho de su jefe. Ahí lo tiene. Piense en el profesor de sus hijos o ponga un rato las noticias y fíjese en nuestros políticos. Incluso en la última película de moda o el disco más vendido. El último best seller… ¿No me diga que no le sabe todo a jamón y queso? Bienvenidos a la dictadura de lo mediocre.

«Vivimos un orden en el que la media ha dejado de ser una síntesis abstracta que nos permite entender el estado de las cosas y ha pasado a ser el estándar impuesto que estamos obligados a acatar», denuncia… [+] El Mundo

A ver si de esta vez realmente nos escuchan y se dejan de soplapolleces

Ya es septiembre. Se acabaron las largas, inmensas, insultantes y excesivas vacaciones para sus señorías. Arranca el tedioso curso político, los programas estrella de la radio y la televisión, la información acelerada e interesada y las notificaciones políticas ultraimportantes en nuestros móviles. Regresa la rutina cansina de comprobar que la clase política de este país habla mucho y hace muy poco. Este lunes se cumplen 127 días de un Gobierno en funciones con la sensación generalizada de que vamos directos a unas elecciones el 10 de noviembre. Si hasta ahora todos los movimientos que vimos fueron puro teatro, lo que veremos este septiembre será una tragicomedia que nos hará llorar de hastío o de risa.

Por un lado está el PSOE con ese quiero y no puedo que no oculta su gran deseo demoscópico: ir a elecciones para «tumbar» teóricamente a todos en las urnas. Ya veremos… Por otro lado está Podemos en modo desesperación permanente ante el nuevo desplome electoral que se le avecina por sus deslealtades en dos investiduras consecutivas y sus ansias por arañar poltronas de la casta.

En el otro bando está el PP más derechón, que aspira a gobernar el país con esa coalición electoral «España Suma» a la que nadie se quiere apuntar; Ciudadanos que sigue con su estrategia suicida de culpar/bloquear al resto y de escapar de todo lo que prometió; y Vox, que aún no se cree que tenga tantos escaños en el Congreso y tanta visibilidad mediática.

Lo dicho, vamos directos a elecciones por muchos aspavientos que veamos estos días, por mucho periodismo declarativo que soportemos y por mucho alarmismo al rojo vivo que suelten los todólogos en esas tertulias-espectáculo prefabricadas. El 10N hablamos nosotros de nuevo. A ver si de esta vez realmente nos escuchan y se dejan de soplapolleces.

José María García sigue disparando contra todo lo que se mueve

El misterioso algoritmo de Google, concretamente el aplicado en YouTube, me llevó anoche a esta interesante entrevista al mítico periodista José María García «Butanito» que emitió hace tiempo TV3. En ella García vuelve a disparar contra todo lo que se mueve afirmando que España, como país, «está en Tercera División». Con su estilo y agresividad inconfundibles –gracias a ello ha cosechado infinidad de seguidores y detractores– en esta entrevista hace un repaso a la «nefasta realidad» mediática, política, judicial, económica y deportiva dejando a muchos títeres sin cabeza y reafirmándose en la cantidad de «abrazafarolas» y «lametraserillos» que siguen pululando por tantos despachos.

El que nos informó/entretuvo con nocturnidad y alevosía y fue posiblemente el periodista mejor pagado de Europa –en su último contrato anual figuraban 2.000 millones de las antiguas pesetas para él solito– lleva casi 20 años fuera de las ondas, con lo cual es un perfecto desconocido para las nuevas generaciones. Se rumorea mucho sobre su regreso, pero él lo niega que vuelva a ponerse delante de un micrófono.


YouTube está plagado de entrevistas y conferencias de «Supergarcía» en los últimos años, en las que, sin despojarse de la arrogancia y superioridad que le caracterizan, repite las mismas ideas bajo ese halo, propio de la jubilación, de que «cualquier tiempo pasado fue mejor».

Ríanse o cabréense, que Jose María García no vino para callarse.