Buscando el silencio

Manchester Orchestra – The Silence

Siempre he envidiado a los pájaros. A sólo 500 metros de nuestras cabezas disfrutan de inmensidad visual y ausencia de ruido. Sólo escuchan el aire y sus ráfagas cargadas de melodías. A medio kilómetro de altura de nuestras prisas y preocupaciones empieza el absoluto silencio porque ya nada importa sobre lo que hacemos y deshacemos las hormiguitas humanas de aquí abajo. Desde arriba observan nuestra ansiedad por estar a todo a todas horas. Sin descanso. Filas de personas y de coches yendo obsesivamente hacia puntos de concentración donde hay más personas y coches. Soy de los que escapo de las aglomeraciones y el dirigismo, del maldito borreguismo que nos rodea por el que todos parece que tenemos que hacer, ver, vestir, adelgazar, leer, comentar y pensar lo mismo. No, gracias, no. Me encanta observar, pensar, discrepar, vestir y leer lo que me da la gana. Y callar. Sobre todo esto último.

Cuantos más años sumo más busco el silencio, la tranquilidad, la ausencia de toxicidad, cadenas y ataduras. Una vez soñé que volaba sobre Betanzos desde Las Angustias planeando con los brazos y ojos bien abiertos. El sueño fue todo menos angustioso. Fue maravilloso. Fue paz. Fue inmensidad. Fue celestial. Fue el silencio que busco.

“Adú”, una historia desgarradora en los ojos de un niño de 6 años

Muy recomendable la película “Adú” , especialmente para los y las bocazas que opinan que la migración africana se resuelve con más policía, más concertinas y muros más altos. Los mismos que suelen presumir de ser católicos practicantes y se saltan a la torera los principios cristianos y las directrices del propio papa Francisco. Esos y esas que suelen elevar su Vox para intentar que quede claro quién tiene “personalidad  y altura de miras” en la sala. Esos y esas que vociferan sus miserias.

“Adú” es una historia desgarradora y emotiva en los ojos de un niño de 6 años que escapa con su hermana desde Camerún hacia la soñada España. Inspirada en tropecientos hechos reales que surgen cada día en nuestras fronteras de Ceuta y Melilla, este peliculón ha conseguido que me emocione y llore en una sala de cine. Hacía años.

Aprovecha esta película para cambiar.

Un problema humanitario tremendo que seguirá estallando en nuestras caras y conciencias