Si las fotos llorasen y gritasen, esta sería ensordecedora

Yanela. Dos añitos. Frontera entre México y EE.UU. Su madre, Sandra, es cacheada por un policía de ándale antes de ser arrestada. La pequeña, asustada por si le separan de su mamá, llora y llora rompiendo el silencio de la noche. Un final infeliz después de caminar junto a su madre desde Honduras durante un mes muy jodido. Lágrimas a ras de suelo que fulminan el sueño de llegar a los flamantes Estados Unidos de América. John Moore, fotoperiodista de Getty Images que captó este duro momento, se ha llevado el premio World Press Photo a la mejor imagen del año en su 62º edición. Si las fotos llorasen y gritasen, esta sería ensordecedora.

Inadmisible uso de la Universidad

Más de 200 estudiantes han boicoteado hoy con insultos y empujones un acto de Cayetana Álvarez de Toledo, la candidata del PP por Barcelona a las elecciones generales. Que esto suceda en pleno siglo XXI es totalmente inadmisible. Ya ha pasado con más líderes políticos de distintas ideologías, que fueron silenciados y zarandeados por grupos radicales en otros campus españoles. Esta nueva acción violenta de hoy en la Universidad Autónoma de Barcelona es repugnante e impropia de una democracia. Duele ver que esto suceda de nuevo dentro de una Universidad, donde debería reinar la conversación, el debate, la reflexión y el intercambio cultural. Sí, son unos pocos los radicales que lo revientan todo, pero el daño que hacen y la imagen internacional que estamos dando es para echarse a temblar.

La Universidad no es sitio para hacer política. Y mucho menos a pocas horas de que arranque la campaña electoral del 28A. Politizar el templo del conocimiento es no respetar el propio templo.

El alarmismo perderá las elecciones

El Dicionario de la Lengua Española define el alarmismo como la «tendencia a propagar rumores sobre peligros imaginarios o a exagerar los peligros reales». Eso mismo es lo que está sucediendo ahora en la agotadora precampaña electoral en España, que se hará por fin oficial en apenas tres días. Unos cuantos líderes políticos llevan semanas trabajando duro en la tarea de asustar, sobresaltar e inquietar al electorado, recurriendo a mentiras, descalificaciones, insultos e, incluso, infamias sobre sus rivales de cara a las elecciones del 28 de abril.

Descalificación permanente

Por mucho que insistan, el alarmismo perderá las elecciones. Si ya hemos sufrido precampañas electorales barriobajeras, la de este año es la más sucia que recuerde, evidenciando la absoluta desesperación de quienes recurren a agitar a sus masas de forofos por un puñado de votos. Instalarse en la mentira y la descalificación permanente dice muy poco de unos candidatos a la Presidencia del Gobierno que ya saben que no ganarán ni por asomo las elecciones. 



La gente bien formada e informada no es tonta y distingue perfectamente al buen político del oportunista, del que dice digo, luego Diego y luego se desdice de todo lo anterior. Llevamos más de 40 años de democracia a nuestras espaldas y tantos exabruptos y falsedades ya no se la cuelan a esa masa de españoles trabajadores, callados y cumplidores que están hasta las narices de tanta agitación político-mediática que agota mentes y conciencias.

Los indecisos deciden, otra vez, el próximo Gobierno

La tropa de indecisos, según varias encuestas, agrupa a más del 40% de los españoles con derecho a voto, a los que les quedan apenas 20 días para depositar sus papeletas, para decidir cuál será el siguiente presidente del Gobierno de España. Todos los sondeos dejan claro quien ganará los comicios. Lo que no aclaran es quién se llevará el Euromillones de la mayoría absoluta y se sentará en la Moncloa. Vienen muchas curvas y derrapes sobre piso deslizante y lo único de lo que debemos alarmarnos como demócratas es que se traspase la línea roja del sentido de Estado y se caiga en manos de radicales, esos cuyo deporte favorito es reventarlo todo.