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Una vez fulminado y apartado el villano Pedro Sánchez, en una calculada operación de derribo desde sus propias filas, surge el incómodo ¿y ahora qué? en medio de un olorcillo mañanero a napalm en la sede del PSOE. Ya no está Sánchez, el mal de todos los males, posiblemente el político español más vapuleado, tras Adolfo Suárez. Ahora se abre una etapa inquietante en la política española para ver si el PSOE implosiona definitivamente, si renace fuerte de sus cenizas o si simplemente se arrodilla ante el PP con una abstención que la mayoría de sus votantes nunca aceptarían. Muchos en este país creyeron esa pantomima de que el derribo de Sánchez era fundamental para garantizar la unidad y gobernabilidad de España, pero la guerra civil desatada estos días en el PSOE y el bochornoso espectáculo de ayer en Ferraz confirmaron que todo fue una fraticida y rastrera lucha por el poder en el partido. Todos se equivocaron y todos acabarán pagando por ello.

Borreguismo, cinismo y conformismo

Palomitas preparadas para ver cómo Susana Díaz –la que descosió todo desde Andalucía y se presentó en Madrid como la costurera del Reino de España– maneja a la militancia, a los nuevos críticos, a los medios, a los votantes y a esa generación tapón cómodamente instalada en la cúpula socialista. Ahora le toca a la andaluza hacer política de verdad, mojarse, dar la cara, construir en lugar de destruir y lidiar con un PP tenaz y habilidoso que ya está lanzando globos sonda mediáticos. Rajoy pedirá a lo que queda del PSOE algo más que una simple abstención en su investidura y le exigirá unas condiciones que apuntalen sus próximos cuatro años de Gobierno. Si el nuevo socialismo no pasa por su aro, nos llevará directos a las (¿deseadas?) terceras elecciones. Todos sabemos que en esa tercera cita electoral del 2016 habría posible mayoría absoluta para el PP, el gran ganador desde la barrera, y un desplome sideral del PSOE, que acabaría echando de menos los 85 diputados actuales. Lo dicho: palomitas preparadas para asistir a este nuevo y apasionante episodio político, en un país que sigue instalado en el borreguismo, el cinismo y el conformismo con todo lo que le hacen, dicen o cuentan.