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Foto: Bernardo Díaz (El Mundo)

Llevamos ya varias entregas del presunto escándalo Ábalos y el cinismo que lo envuelve todo se dispara a medida que pasan los días. Clamoroso el silencio sepulcral del PSOE, que no salido en defensa de su exsecretario de Organización para desmentir unos hechos que originarían un terremoto político en cualquier país occidental. Clarividente la quietud del exministro Ábalos que anunció el pasado miércoles unas «acciones judiciales oportunas» de las que días después no hay rastro alguno. 

Interesante el debate en una parte del sector periodístico que está de uñas y dientes por haber sacado la luz presuntos comportamientos oscuros de la vida personal de un cargo público. Nadie puso el grito en el cielo cuando, por ejemplo, sucedió algo similar con el exobispo de Solsona, al que se le han dedicado cientos de artículos y programas televisivos para airear su radical y sorprendente cambio de vida con una psicóloga y escritora de novela erótica. Ahí no hubo debate ni lo habrá.

En esas estamos. Nadando entre inmundicias, reverencias e irreverencias, dejando claro que el estercolero político se las trae. Como la vida misma. Al final las cosas son más sencillas de lo que parece y más de uno se sorprendería si supiese el origen real de las informaciones escandalosas, quién las filtra y, sobre todo, a quién benefician políticamente. 

Como periodista y ciudadano me interesa saber la verdad, conocer si un ministro hizo realmente las desfeitas que dicen que hizo mientras estábamos confinados por la pandemia, mientras su Gobierno aludía a la responsabilidad personal de cada uno. Faltan pruebas sobre este escándalo por capítulos, pero los silencios oficiales y el golpe de autoridad de Moncloa están siendo más informativos que el presunto vídeo o imágenes que nadie ha visto… todavía.

Sucede siempre lo mismo. El periodismo se ama y se ensalza cuando a uno le interesa lo que se publica y se detesta profundamente cuando «los plumillas» sueltan «bulos o falsedades» que tumban tus cerradas opiniones y perjudican a tu parroquia ideológica. Un informático me dijo hace años que la inmensa mayoría sólo ve y lee lo que le da la razón y paga lo que sea por eso. Afortunadamente aún quedan minorías y el tiempo pondrá a cada uno en su sitio.

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