Manchester Orchestra – The Silence

Siempre he envidiado a los pájaros. A sólo 500 metros de nuestras cabezas disfrutan de inmensidad visual y ausencia de ruido. Sólo escuchan el aire y sus ráfagas cargadas de melodías. A medio kilómetro de altura de nuestras prisas y preocupaciones empieza el absoluto silencio porque ya nada importa sobre lo que hacemos y deshacemos las hormiguitas humanas de aquí abajo. Desde arriba observan nuestra ansiedad por estar a todo a todas horas. Sin descanso. Filas de personas y de coches yendo obsesivamente hacia puntos de concentración donde hay más personas y coches. Soy de los que escapo de las aglomeraciones y el dirigismo, del maldito borreguismo que nos rodea por el que todos parece que tenemos que hacer, ver, vestir, adelgazar, leer, comentar y pensar lo mismo. No, gracias, no. Me encanta observar, pensar, discrepar, vestir y leer lo que me da la gana. Y callar. Sobre todo esto último.

Cuantos más años sumo más busco el silencio, la tranquilidad, la ausencia de toxicidad, cadenas y ataduras. Una vez soñé que volaba sobre Betanzos desde Las Angustias planeando con los brazos y ojos bien abiertos. El sueño fue todo menos angustioso. Fue maravilloso. Fue paz. Fue inmensidad. Fue celestial. Fue el silencio que busco.

A veces el silencio es la comunicación más poderosa.

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Un comentario en “Buscando el silencio”

  1. No todas las letras hechas palabra se las lleva el tiempo, algunas calan en el subconsiente y tallan como el zapato nuevo; ostigan y flajelan como queriendo herirte o insitarte a qué te crezcan alas

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