Hoy concluye la posiblemente campaña electoral más larga de la historia de la democracia española. A estos 15 días oficiales hay que sumar los largos meses de precampaña que han agotado al personal. Quedan unas horas para la jornada de reflexión y luego toca ir a votar, a que la opinión pública hable, el mejor ejercicio que debe realizar cualquier demócrata. Dejamos atrás una legislatura realmente dura, caracterizada por la policrispación, los reproches cruzados, las salidas de tono, las conspiranoias y el constante cabreo de nuestra clase política.

Una tensión que no se respiraba en la calle y que nos ha hastiado a todos en estos largos cuatro años. Confiemos en que a partir del domingo –en el que, ojo, puede pasar de todo– recuperemos el diálogo y el consenso político y se aparque definitivamente la política enredadera y, por qué no decirlo, más rastrera. Gane quien gane nos queda esa asignatura pendiente de, entre todos, templar los ánimos y mirar adelante en positivo. Nuestras cabezas y corazones lo agradecerán.