La banda terrorista ETA sigue con su siembra de bombas, la última ante una sede de un grupo falangista en Santoña (Cantabria), aplicando las malas artes violentas que tanto domina. Mientras los bombazos meten ruido en la calle y en los medios, su estrategia más efectiva es el impuesto revolucionario, esa extorsión mafiosa y silenciosa que salpica de pánico a demasiados empresarios y familias. Actualmente presionan con fotos y datos precisos del entorno familiar para recaudar cuanto antes un dinero manchado de sangre. Hoy supe un dato que desconocía: ETA aplica un 5% de intereses por cada año de retraso en el pago de ese impuesto del terror. Vomitiva hipoteca del miedo.

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