Una vez más, copio y pego lo que escribe Tino Novoa:

Son días de dolor. El luto tiñe España de negro. Y no queda otra que llorar a los muertos, apretar los dientes y, con el corazón encogido, luchar para salir adelante. Porque, por muy negro que sea el presente, siempre hay una luz que nos guía hacia el futuro. Ese futuro que nos quieren negar. No el virus que tiñe de negro España, sino esa España negra que tantos futuros nos ha arruinado en el pasado y que, una vez más, intenta dejarnos otra vez sin él. El luto, aunque cueste, se supera, porque el ser humano está acostumbrado a domar el dolor. Es mucho más difícil arrancar las raíces del odio cuando este arraiga en nuestro interior y se apodera de nosotros. Con aciertos y errores, como todos, como siempre, el Gobierno hace lo que debe. Es su obligación, es su responsabilidad. Para eso lo elegimos.

Podemos estar de acuerdo en algunos casos, en absoluto desacuerdo en otros. Es lo que tiene tomar decisiones, que cada una es un riesgo de cometer un error. Y este Gobierno, como absolutamente todos los gobiernos del mundo, han cometido más de uno en esta lucha contra un enemigo desconocido. Cuando un barco se hunde, lo primero, lo fundamental, lo crítico es salvar a las personas, o al máximo número de personas si no se puede con todas. Ya habrá tiempo a continuación de analizar qué ha pasado, por qué se ha hundido y depurar las responsabilidades correspondientes para que quienes deban paguen el precio que corresponda.

«Criminales son quienes aprovechan el dolor ciudadano para sembrar y extender el odio, para corroer el tejido civil y carcomerlo con el rencor»

Tenemos un Gobierno legítimo que, con mayor o menor acierto, cumple con su deber. Y sus fallos no lo convierten en un Gobierno criminal. Criminales son quienes aprovechan el dolor ciudadano para sembrar y extender el odio, para corroer el tejido civil y carcomerlo con el rencor. En democracia, la crítica y el control al Ejecutivo son esenciales, ineludibles e inexcusables en todo momento. Pero criticar no es deslegitimar, controlar no es atacar sin medida y arrasando todo lo que se pille por el camino. La crítica requiere argumentos, no mentiras, calumnias, infundios ni difamaciones. Controlar es vigilar, no acosar, hostigar, destruir puentes e incendiar todo lo que nos une como sociedad.

En España, hace tiempo que la política se ha convertido en un lodazal que poco a poco nos va enfangado más y más como país. El sectarismo, el fanatismo y la intransigencia han ido ganando terreno progresivamente. El maniqueísmo y las actitudes totalitarias que algunos, ingenuamente, pensamos que ya eran cosas del pasado resurgen con inusitado brío. Comportamientos que creíamos residuales y vestigios de un horrendo pasado, vuelven a amenazar nuestro futuro. Vox es lo peor que le ha pasado a España en mucho tiempo. Por muchos votos que tenga, porque los votos no justifican cualquier cosa. Ni lo justifica cuando los independentistas pretenden obviar las leyes, ni lo justifica cuando los totalitarios intentan destruir el espacio común y la legitimidad de las instituciones democráticas.

«Inmunizarnos contra el fanatismo, la intolerancia y el sectarismo es tan importante como inmunizarnos contra el virus»

Y no están solos. Aunque las redes sociales han convertido el espacio público en un gran estercolero, en una barra de bar sin límites, la prensa, los medios de comunicación están contribuyendo en gran medida a expandir el virus del odio y a socavar la legitimidad de las instituciones democráticas. No toda, pero sí esa prensa, esos (mal llamados) periodistas que han renunciado a interpretar y explicar la realidad, con sus mil matices y sombras, para propagar una verdad única que no existe más allá de sus cabezas y de sus intereses. Esa prensa, esos periodistas sectarios que solo abonan el fanatismo a base de falsear y tergiversar las cosas, cuando no mentir a conciencia; de esconder lo que no conviene a su visión y magnificar aquello que encaja con su propósito, aunque sea testimonial o marginal; esos periodistas que esconden su ignorancia, desidia o incompetencia con informaciones incompletas, no contrastadas, parciales o directamente manipuladas, cuando no falsas. Por eso, es importante, crítico diría yo, aislar esa carcoma que está corroyendo una profesión tan digna y necesaria como la periodística para salvar a los medios que aun siguen haciendo bien su trabajo y cumpliendo con su trascendente función social de informar con veracidad y respeto a la deontología que le es propia.

Son días negros. Pero en nuestra mano está que no lo sea el futuro. Frenar a quienes están sembrando el odio es tan importante como derrotar al virus. Inmunizarnos contra el fanatismo, la intolerancia y el sectarismo es tan importante como inmunizarnos contra el virus. Solo así acabaremos con los nubarrones que amenazan nuestro futuro y volveremos a disfrutar del sol, la buena vida y, cuanto antes, por favor, de los paseos.

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