Cuando uno va entrando en años y en falta de paciencia, lo que ya no tolera es la callada por respuesta. Ese incómodo momento en el que preguntas, planteas o propones algo y el de enfrente se hace el avión sin saber cómo sobrevolar ni cómo aterrizar. La callada por respuesta es el colmo de los cobardes, la confirmación de que el que actúa así es un soplagaitas profesional cuando no contesta un mensaje, una llamada telefónica, una consulta, una petición, un saludo. Es la antesala de mandar a paseo definitivamente a alguien, de anularlo por completo. El tiempo te enseña que la gente que vale la pena está cuando el resto no están, habla cuando hay que hablar y calla cuando sobra hablar. Por eso se cuentan con los dedos de una mano. Por eso son amigos de verdad.

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2 comentarios en “La callada por respuesta, el colmo de los cobardes”

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