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Esta noticia lleva tiempo dándome pena y rabia a la vez. Si fuésemos patriotas de verdad, no de bandera o de postureo mediático, a este valiente empresario y su adelgazada plantilla le alegraríamos los desayunos. Pero no. Preferimos los precios agresivos, los fondos de inversión que fulminan avariciando a destajo. Nos ponen las multinacionales que contratan a precios irrisorios y se llevan nuestro dinero fuera, bien lejos.

No me gustan esas artes. La mejor forma de protestar contra ellas es no seguirles el juego. Por eso todos los electrodomésticos de casa los vamos renovando en San Luis, la empresa de un hombre que con la vida resuelta volvió al tajo para salvar a sus trabajadores. Ojalá les encuentre una salida digna.

PD: Con este post pongo en marcha en el blog la categoría «Avaricia». Ya tardaba.