Si tienes Netflix te recomiendo que veas cuanto antes el documental “El dilema de las redes sociales”, en el que se analiza nuestra acelerada relación con Internet y la huella digital que fabricamos personalmente día a día con nuestros clics y hábitos on line. Si tienes hijos, mucho mejor que lo veas en familia. Acabo de hacerlo con los míos de 12 y 14 años y apenas han pestañeado durante la poco más de hora y media que ha durado el documental.

“El dilema de las redes sociales” trata temas que nos afectan a todos. Desde nuestra adicción enfermiza al móvil hasta la proliferación de noticias falsas, pasando por la creciente polarización de la sociedad, la ausencia de diálogo social por mucha conversación digital que nos vendan, el aislamiento que genera tanto tiempo perdido en la nube o el control absoluto que grandes plataformas como Google, Facebook, Twitter, Instagram, YouTube, etc, tienen sobre nuestros gustos y preferencias.

Aunque por momentos es un batiburrillo de ideas y entrevistas, e incluso contradicciones, este documental abre el necesario debate de que debemos humanizar las redes sociales actuales, apartarlas del teledirigismo desmedido en el que se encuentran ahora por la obsesiva monetización, que nos convierte cada minuto en consumidores a la carta de lo que ellas planifican o programan en función de nuestros hábitos o búsquedas. O las cambiamos poco a poco o habrá que empezar a crear otra red de redes más abierta, más humana y menos algorítmica.

Repito: “El dilema de las redes sociales” es muy recomendable. Estés o no de acuerdo con sus afirmaciones y conclusiones, creo que es muy positivo que nos empecemos a dar cuenta de que así, con este ritmo de infoxicación masiva y prefabricada, no podemos seguir. Están en juego nuestra libertad, nuestro bendito tiempo y nuestro sistema neuronal. Casi nada.

PD: Afortunadamente en los blogs no hay algoritmos caprichosos que esconden o potencian contenidos. Lo que se publica en una bitácora se lanza por igual en abierto a todo el que tenga un mínimo interés en leerlo. Y encima queda todo archivado y a disposición de cualquiera. Olé por los blogs, los grandes olvidados de esta selva digital, cada día más alocada.

Vida loca – Francisco Céspedes
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