Fayaz Aziz | Reuters
Oleg Byonic – Broad expanse of heaven

El modelo Kübler-Ross, conocido como las cinco etapas del duelo, hace referencia a un proceso por el cual la gente lidia con una tragedia, especialmente cuando tiene que afrontar una enfermedad terminal o la muerte de un ser querido. La psiquiatra y escritora suizo-estadounidense Elisabeth Kübler-Ross (1926-2004) describe en su libro On death and dying que el duelo se manifiesta en cinco fases y que todos experimentamos al menos dos de ellas en algún momento duro de nuestras vidas.

Este modelo se puede extrapolar a la tragedia sanitaria del coronavirus, que tanto nos asola, preocupa y revuelve nuestra rutina. Estas serían las cinco etapas del duelo del covid-19 que, en mi opinión, ya se van cumpliendo a rajatabla.

1. La negación

Al principio de la pandemia, en los meses de enero y febrero del 2020, muy pocos le daban importancia al covid-19. Mientras China ocultó información crucial en las primeras semanas a toda la comunidad internacional, el virus comenzó su periplo silencioso y mortal. «Es un virus de China y les afecta a ellos, aquí no vendrá, no nos toca, no es para tanto, es como un resfriado, es poco más que una gripe, hay mucho alarmismo, los medios lo exageran todo, apenas hay casos»… Todo esto entre infinidad de bromas, tertulianos todólogos y memes en Internet propios de la sociedad mema y cortoplacista que nos ha tocado vivir. Por cierto, algunos energúmenos negacionistas siguen en esta fase; cuando el coronavirus les afecte seriamente a ellos o a alguien cercano, saltarán a la siguiente etapa.

2. La ira

Llegan las primeras decenas de muertos y salta el enfado colectivo, la ira hacia lo desconocido. «Qué está pasando, por qué a nosotros, no es justo que afecte a tanta gente mayor, podían haber avisado antes, la OMS no se entera, ponemos mascarilla o no, por qué no hay mascarillas, no se la pongan que no hace falta, tranquilidad que habrá pocos casos, esto no irá a  más»… El nuevo coronavirus ya infectaba a mansalva sin tener en cuenta fronteras, ideologías, bolsillos, torpezas gubernamentales, contradicciones institucionales o revuelos mediáticos. Está dando la vuelta al mundo y se está poniendo las botas.

3. La negociación

La tercera etapa conlleva la esperanza de que se puede negociar o gestionar de alguna manera cómo frenar la tragedia. La terca realidad nos da un inmenso sopapo en la cara y nos recuerda que nuestro estado de bienestar es más frágil de lo que pensamos. «Podemos pararlo, es un virus potente y complejo, hay que tomar medidas, nos confinamos, cerramos fronteras, todo el mundo a teletrabajar, salgan a la calle lo justo y con mascarilla, aplaudan por las ventanas, quédense en casa, lávense las manos»… La cruda realidad: colapsos sanitarios en las mejores sanidades del mundo, cientos de miles de muertos y millones de contagiados en todo el planeta. El covid-19 enseña todos sus dientes.

4. La depresión

Es la etapa en la que estamos ahora. La baja infectividad tras los confinamientos totales se ha evaporado. Aunque los gobiernos eviten la expresión segunda ola, estamos metidos de pleno en ella. Vuelve el virus con fuerza mientras los gobernantes siguen de vacaciones. Casi nadie se esperaba esto en pleno agosto. «Tanto esfuerzo tirado a la basura, la gente está desmadrada, los jóvenes a lo suyo sin protegerse, ¡16.000 contagios de viernes a domingo!, esto no puede seguir así, nos van a confinar otra vez, hay cole presencial o no, que nos digan algo ya, los números no me salen, no sé si seguiré trabajando, mi empresa está al límite»… El winter is coming del mundo real estará con nosotros muchos meses con un desplome brutal de la economía y ramalazos de revueltas sociales fruto del hartazgo de la calle. Vemos persianas (y nóminas) bajadas, caras largas y mucha preocupación. Entre cada gin tonic veraniego, el poder empresarial está recortando todo lo recortable y más, y nos lo anunciará a partir de septiembre. Llega un tsunami nunca visto. A los cinco continentes.

5. La aceptación

Cuando deje de hacer frío, allá por la primavera-verano del 2021, se consolidará la aceptación social del nuevo coronavirus, que estará con nosotros durante años hasta que llegue la ansiada vacuna, si es que llega. No será una inmunización de carácter universal, sino varias vacunas adaptadas a los diferentes grupos sociales, según dicen los expertos. «Esto ya pasará, no hay solución, no puedo luchar contra la realidad, hay que aceptarlo, hay que seguir viviendo, hay que tirar para adelante»… La etapa final llega con la paz y la comprensión de que esto vino para quedarse. Que hay que seguir con los confinamientos de zonas concretas. Que hay que invertir mucho más dinero en ciencia, sanidad y educación. Que hay que ser responsables todos los días y todo el rato. Que lo que yo haga con mi cuerpo no es sólo problema mío. En definitiva, aceptar que somos mortales. Con todo lo que eso conlleva.

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