Desde hace unos días me asalta la sospecha de que más pronto que tarde habrá cambios importantes en la Casa del Rey, mucho más allá de quitar o poner gente en felicitaciones, actos o museos de cera. Que el yernísimo Urdangarin, con sus negocios fuera de ética y lugar, ha hecho un daño mayúsculo a la Corona es más que obvio. Como también lo es que este espinoso escándalo está causando truenos en el trono. Con relámpagos incluidos. El hecho de que en el 2006 la Casa del Rey intentase tapar el asunto de forma ineficaz y que ahora sepamos que es el Príncipe Felipe quien lidera la estrategia de señalar y aparcar a Urdangarin, deja entrever muchas cosas. De entrada, que el rey Juan Carlos está muy tocado por los excesos del ya conocido como “Urmangarin” y quizá se vea sin fuerzas para recuperar tanta credibilidad perdida. También que las acciones de la Casa del Rey en los últimos años pecaron de protectoras (que rima con encubridoras), agrandando un problema que demasiados conocían. Y que la actitud del Príncipe de coger el toro por los cuernos evidencia un cambio de rumbo, quizá el gran cambio…

¿Estaremos ante los primeros movimientos para que el Príncipe de Asturias sea coronado a medio plazo? ¿Estaremos presenciando sin darnos cuenta que el rey no puede más y ya prepara su sucesión? La sospecha suena extraña, pero si se tienen en cuenta la mala racha que vive desde hace años la familia real, la delicada salud del rey y el implacable factor tiempo, ahora la llegada de Felipe al trono de España supondría un giro de 180 grados, todo un soplo de aire fresco justo cuando resurge el debate sobre si la monarquía es o no la institución clave en nuestra democracia. Repito: es una sospecha, quizá inesperada, quizá arriesgada, pero nunca alocada.

Actualización
Urdangarín bromeó en el 2005 sobre sus “apuros” para llegar a fin de mes…

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