Scorpions – Send me an angel 

La amistad, la gratitud de por vida y la admiración personal no entienden de materia, ni de ideologías, ni de bolsillos o de favores. Se tiene y se riega cada día. Hay gente buena en esta vida que sigue recogiendo lo sembrado aunque no esté entre nosotros. Me leyeron por primera vez el siguiente texto de madrugada desde un móvil para saber qué opinaba como periodista. Cuando iba por el tercer párrafo le dije a su autor: «está bien escrito, tiene miga, me gusta y va directo a mi blog porque me da la gana». Disfruten de este torrente de ideas y gratitudes de alguien que nunca imaginó que iba a publicarse en internet un obituario tan íntimo, sincero y sentido sobre su ángel en la vida real. 


Manolito «Puruchico», adiós al último maestro


Tito Vázquez

Era «el gallego» en Madrid y «Manolito de Madrid» en Galicia. Don Manuel Vázquez Naveira, Manolo, Manolito. Comunista reconocido, dignificador de la izquierda. Ajeno a la militancia, nadie le representaba. Él era auténtico, un hombre verdadero que predicaba con el ejemplo. Enemigo de la arrogancia, movido solo por la convicción, desnudo de vanidad. Muy joven se hizo maestro en Coruña, doctor en Logopedia en Edimburgo, catedrático… de la vida. Honró a Galicia, a Coruña, que le vio nacer y despidió, caprichoso destino. Vació toda su vida en Madrid, en el Madrid de los poblados y sus gentes . Y siempre enseñando, recuperando a chiquillos y a otros muchos que no lo eran tanto. Siempre al lado de los que sufren, de los que escuece el lacrimal, de los condenados. Siempre con los que la injusticia vistió vulnerables. Callos y años de entrega en Nicaragua, ayudando a sus gentes desvalidas y oprimidas por la dictadura de la familia Somoza, pero la revolución sandinista merecía una oportunidad. Y sus inocentes gentes más. Eran tiempos duros y de conflicto, pero allí estuvo él. Y lo hizo siempre de la mano, con ella agarrada al pálpito de su corazón, de su inseparable alma gemela Isabel Pérez Torrado, su compañera de viaje, y como él, gran luchadora, intelectual y pensadora activa de la democracia, bandera de los derechos de la mujer, y del hombre, de la igualdad, de la alienable libertad.

Nos dejó Manolo. Pero en vano no fue su existencia. De los bolsillos se le caía su estridencia solidaria. Vozarrón de justicia y libertad. Solo han pasado unos meses desde el fatídico 12F, pero no puedo dejar de recordarlo. Ni yo ni nadie que presuma del honor de haberle conocido. Le encantaba Coruña. Siempre la miraba de reojo. Hasta jubilarse y, como él solía decir, poder ser dueño plenamente de su tiempo. Venía todos los veranos a disfrutar de lo que tanto amaba, cómo no, de Bandoxa, Oza dos Ríos. A disfrutar de su aldea en la casita familiar, ya suya para siempre. Bueno, a disfrutar y a dar clases de manera altruista a los niños del lugar que lo necesitaban. Lo recordaré siempre enseñando «na eira» en las tardes estivales. Sus siestas eran pedagógicas, no lo podía evitar. Lo primero era lo primero, estaban en juego las recuperaciones académicas de los chavales. A ver si salen adelante, decía.

Su hobby era tender la mano, regalar su sabiduría. A sus orígenes le dedicó un libro, «Puruchico, cando éramos nenos». Anécdotas y nostalgias de su niñez, prosa amable sobre la escuela donde él y los demás niños (abuelos hoy) de la aldea iniciaron su camino hacia el conocimiento. El maestro de la unitaria era Don Manuel, su primer profesor, conocido como «el maestro», en tiempos donde un docente instruía a todos juntos, sin importar la edad, amén de ejercer de médico, practicante… Don Manuel, a quien él admiraba, y sus amigos y compañeros del alma. Los primogénitos en el rango de la amistad, los de la infancia, esos que nunca vuelven porque jamás se van, merecían un homenaje y Manolito se lo brindó. También plantó un árbol, muchos árboles. Mártir de la llaga, hizo el Camino de Santiago desde Roncesvalles. Tampoco faltó el libro, e incluso montó en globo. Viajero infatigable, explorador del dolor del hombre, y de las mujeres, que diría Isabel con añil. Cerró el círculo de propósitos vitales.

También recuerdo, en una de sus inenarrables bondades, que siendo muy joven él e Isabel rescataron a un niño asustado de un internado de Madrid y se lo llevaron a pasar el fin de semana en familia. Eran todavía unos veintañeros y allá se lo llevaban a su primaria casa de Aluche. Pronto nacería María (maravilla de tu creación, angelita de mi debilidad). Iván, paciente, remolón, se hizo esperar (será difícil pero, con perdón, su implicación alcanzará para volar a tu par). Dignos hijos de sus padres, la saga continúa. Con el muchacho del internado se perdían de acampada en la sierra, lo llevaban a la casa de campo, pateaban el Madrid de los 70… Lo embriagaban con infinidad de actividades y, por momentos, ¡el chaval dejaba de ser huérfano! Al muchacho le brillaban los ojos, como a otros muchos niños a los que Manolo e Isa entregaron sus latidos de inmenso amor y, con empeño y bondad, sin pretender, besaban el alma.

En Aluche, en Vallekas (con “k”, Manolo, por supuesto), en las Barranquillas, en los barrios deprimidos nicaragüenses, en Cádiz, botas puestas por la mojada Royal Mile de Edimburgo, en Galicia… En tantos y tantos lugares donde dejó su estela, donde se masticaba necesidad. Ahora siento que hace frío. En tu aldea también… El vacío es inmenso. Manolo siempre estaba en primera línea de cualquier causa justa. Era un gustazo hablar con él. Todos los veranos nos veíamos y pasábamos hermosas e ilustradas horas conversando, antes y después de una entrañable comida. Era un disparo de luz, de sabias enseñanzas -yo tampoco pedía tanto- que para siempre descansarán en mi corazón. Él era paradigma de lo justo, icono de la esperanzadora respuesta. Sus actos hablaban más alto que sus palabras .Y eso no era sencillo, escuchando su estruendosa voz…

Espontáneo y limpio como una fresca mañana de abril. Y de pronto se me escapa un desgarrador grito, ruin destino para quien merece la eternidad, sortilegio que rasga en mil pedazos, porque duele tanto el vacío… Lágrimas del corazón, esas que ya no sostienen los ojos. Te recordaré en mi viaje como a un padre, un ejemplo de lucha, amor, respeto y entrega por y para los demás. Un guía, un bastón, callado sostén de los lastimados por la vida. Pero tal vez este mundo para ti era ya demasiado pequeño y tu alma necesitase bailar en otro lugar. Aquí la música desafina demasiado para un ser como tú. Ahora ya nada te detendrá, Manolo. Sigue surcando horizontes, devorando el infinito de la misma manera que mordiste la vida. Ya sabes, muévete a tu bola… Prometo volver a verte, seguro. Sé que nada permanece. No habrá mandamiento ni orden que lo impida. Palabra que te abrazaré en las estrellas. Adiós profesor. Hasta siempre, Manolito Puruchico, el último maestro.

13 comentarios en “Gente buena que besa el alma”

  1. Tuve la gran fortuna de conocer a este ángel y a su familia hace ya 35 años. Emocionada después de haber leído tan sentido y fiel reconocimiento. Comparto todas y cada una de sus palabras y admiro y agradezco la maravillosa introducción de un virtuoso, empático y sensible periodista.
    Brillante el título, brillante la elección del tema “Send me an angel” y brillante el artículo.
    Gracias infinitas por su recuerdo y por aflorar mis emociones.

  2. ¡Qué puedo decir yo! Mi sincera gratitud a Nacho de la Fuente. Fantástico periodista y mejor persona, que con cariño, interés y amabilidad ha puesto a mi disposición su prestigioso blog, en el cual he podido rendir este pequeñito homenaje al gran Manolo. El muchacho del internado se lo debía. ¡Nuevamente, gracias!

  3. María P. y Tito, este blog simplemente ha hecho de correa de transmisión de un texto que desde el minuto 1 me gustó y que no podía quedar oculto en un teléfono móvil. Me consta que la familia y allegados del fallecido Manolo, al que nunca conocí, han aplaudido que las palabras de Tito hayan saltado a la nube de Internet para que las puedan leer y comentar todos. ¡Un abrazo a los dos y nos seguimos leyendo!

  4. Nacho, permíteme estrenarme en tu blog así, gracias anticipadas, de corazón:
    Quiero dedicarle unas palabras al autor de ” Manolito «Puruchico», adiós al último maestro “, Tito Vázquez.
    Me cuesta escribir esto sin que afloren lágrimas enormes en mis ojos, no he conocido a Manolo, D. Manuel, me hubiera gustado, pero sí conozco a la persona que le homenajea postmorten y rememora con tanto amor y gratitud vivencias que otras personas no saben ni sabrán apreciar ni valorar. Sí, tú, Tito, querido amigo, bien te conozco, desde hace más de veinte años, gracias a ser la pareja de “mi hermana”. Bien sé de tu bondad y humanidad, pero no sabía que también brillaras en el arte de emocionar, escribiendo.
    Ojalá no tuvieras que haber escrito esto, porque significaría que ese “ángel” sería terrenal aún, pero puedes sentirte orgulloso por haberlo hecho, Manuel lo está seguro. Espero que esa promesa de volver a verlo, no se cumpla hasta pasados muchos años y que la vida te sonría y te sepa agradecer por tanta nobleza y bondad que tienes a raudales. Y las personas que te amamos, lo veamos.

  5. Gracias a todos y todas por hacer que regresen los comentarios y las emociones a este blog. Esta bitácora tan personal e imprevisible, que puse en marcha en el 2005, de vez en cuando revive con buenas historias acompañadas de la mejor música. Muchas veces me preguntaron de qué va mi blog y siempre contesté: me hago eco de lo que me gusta, de lo que me llena, de lo que me llama la atención y de lo que me irrita (esto último, cada vez menos). Aquí se viene a gozar, a sentir, a repensar y a dudar, por supuesto. Lo que le apetezca a cada uno. Os agradezco de corazón vuestras palabras y halagos. Veo que fue un acierto sacar a la luz ese texto escondido que Tito llevaba meses maquinando y repensando. Me gusta que os guste 😉

    1. Como sabes, Nacho, el niño al que hago alusión en este sencillo, y más que merecido, homenaje no dejaba de tirarme de la chaqueta pidiéndome que hiciese algo por y para Manolo, in memoriam. Y lógicamente, a un hombre entregado de por vida a infinidad de causas justas y solidarias, es de justicia tributarle un merecido reconocimiento. Es cierto tu comentario de que llevaba meses pensando qué hacer, pero algo, aunque fuese poquito deseaba regalarle. Y, claro, cuando se escribe con admiración y amarrado al cariño la pluma ballestea y surca con cierta facilidad. Es poco, lo sé, pero lleva el lacrado del amor que el crío me rogó.

      No soy muy de redes ni de exposiciones públicas del sentimiento, sin embargo en esta ocasión me siento aliviado y libre respirando aire puro desde tu hermoso balcón. Gracias, amigo.
      Y, por supuesto, gracias a tod@s l@s que, sin haberle conocido, le regaláis alabanzas. De veras que merecía la pena. Muchas gracias 😉

  6. Interesante historia. Gracias Tito y Nacho por sacarla a la luz. No conocía al personaje, pero por lo que se ha escrito de él debía de ser un hombre con el que conversar un largo rato delante de unas cuantas cervezas.

  7. Las personas buenas nunca mueren en la memoria de los que tuvieron la suerte de conocerlas. Este es un ejemplo más.

  8. ¡Cuánta historia detrás de este texto, cuántos recuerdos!
    Gracias por dar voz a un hombre tan maravilloso como este. Estoy seguro de que Isabel y Manolo, allá donde esté, no pueden estar más orgullosos de ti ,Tito.
    Está claro que a personas como tú y como él se os queda este mundo demasiado pequeño.

  9. Tengo que agradecer a mi amiga Graciela, que me enviara el enlace a tu blog, Nacho, para poder leer este gran recordatorio y agradecimiento lleno de amor.
    Es de bien nacido ser agradecido y tu Tito, con tus maravillosas palabras, demuestras ser una gran persona. No puedo saber lo duro que debe ser vivir en un orfanato, alejado del amor de unos padres y una familia, con lo que el haber tenido el regalo de conocer y compartir tiempo con una persona tan especial reflejada en esas palabras tan llenas de sinceridad y gratitud, significa que su huella sigue en ti y me alegro de haberlo conocido por ti. Gracias.

  10. Se me ocurren diversos adjetivos para ensalzar un conjunto de palabras que han permitido aflorar sentimientos únicos, emociones. Sin embargo, creo que la significación que abarca en su totalidad el concepto de “extraordinario”, aunque se me quede ciertamente corto para tal inmensidad, pueda permitir manifestar lo que me ha transmitido este texto.
    Ya no solo porque sea mi padre su autor, al que admiro con todo mi corazón, y del que no me puedo sentir más orgullosa, sino por su sobresaliente capacidad para reflejar, mediante un escrito como este, la existencia y el valor del amor, de la bondad, dejando constancia de que hay personas que dejan profundas huellas.
    Reitero, como se alude en el relato, que un ser tan maravilloso como era Manolo, a quien tuve la gran suerte de conocer, no le era suficiente este mundo.
    Antes era un ángel en la tierra. Ahora, sin duda, lo será por siempre en el cielo, y sé que cuidará de mi padre.
    Muchísimas gracias, Nacho, por conceder esta oportunidad, y por no sólo brillar como una bellísima persona, sino también como un portentoso periodista.

    1. Sofía, como bien escribes, el mérito del texto es completamente de tu padre, que tecleó con el corazón sobre una gran persona que le ha marcado de por vida. Muchas gracias por tus halagos hacia mí. Simplemente he abierto la puerta del blog para que entrase más luz y aire fresco con ese texto vital. Un abrazo grande, feliz verano y nos seguimos leyendo.

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