Dolor, demasiado dolor, confusión y ruido. Así han sido estas largas semanas del confinamiento en las que el bicho del coronavirus nos robó la primavera y casi 30.000 vidas en España. Una cifra tremenda, insultante, desgarradora. Pero hay que mirar para adelante. Mientras las alimañas políticas se devoran entre ellas y las ideologías extremas siguen a tortazo limpio –es su especialidad– mejor tomarse las cosas con moderación. Este virus se quedará una buena temporada y sólo lo frenaremos haciendo bien las cosas personalmente mientras no llega la ansiada vacuna contra el covid-19. Moderación en las formas y reflexión en los fondos. En definitiva, ser consecuentes y prudentes. De nada sirve exaltarse con lo que se hizo o se pudo hacer porque eso ya lo hemos gritado y llorado. El tiempo y las urnas ya pondrán a cada político y gestor en su sitio. Ahora toca reconstruir economías y estados anímicos. Y todos podemos aportar mucho con muy poco.

En nada arranca un verano diferente e intermitente. El más extraño, imprevisto e inquietante de todos. Vivámoslo en paz con los nuestros. Como si fuese una primavera eterna. Lo merecemos.

Las pequeñas cosas