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Periodista con botas. Navarro de pura cepa. Te has dejado la vida haciendo lo que más te gustaba: informar desde el epicentro de la noticia, por peligroso y sucio que fuera. Nos dejas a los 44 años por culpa de unos yihadistas que te asesinaron en Burkina Faso junto al periodista Roberto Fraile y el cooperante irlandés Rory Young. Pero no has muerto, David Beriain. Aunque en las próximas horas llegue tu cadáver a España, aunque la profesión periodística mundial llore tu pérdida, aunque tus excompañeros en La Voz de Galicia y otras redacciones sigamos tecleando hoy en sepulcral silencio, sigue vivo tu valiente ejemplo de que el buen periodismo nunca muere. Lo diste todo a cambio de que en cada cuarto de estar hayas sentado frente a nosotros a los personajes más peligrosos y enigmáticos del planeta, de que nos llegase información clandestina de primera mano desde ensangrentados campos de batalla y lugares recónditos que muy pocos han tenido las agallas de pisar.

Has sido muy valiente y resiliente, David. Generaciones enteras de periodistas ya te tienen como una referencia a seguir. Desde facultades a redacciones, el martes se nos heló la sangre cuando leíamos en el móvil que te habían arrebatado la vida a mitad de tu vida. Te mataron trabajando con las botas puestas. Por eso abriste algún telediario y sigues hoy jueves encabezando boletines radiofónicos y decenas de páginas en los diarios. Pero no has muerto, David Beriain. La mejor forma de recordar tu magistral y valiente labor sería impulsar un premio periodístico internacional o un master de periodismo con tu nombre. Como homenaje a tus ímprobos esfuerzos por informar, por buscar la verdad, y como recuerdo de que el periodismo sólo se salva con mejor periodismo. Que así sea y muchas gracias por todas las lecciones a sangre y fuego que dejas. 

20 lecciones de periodismo que nos dejó David Beriáin