Foto: Efe

La vida es eso que sucede entre el triunfalismo desmedido de Pedro Sánchez y el catastrofismo absurdo de Pablo Casado. Vengo de cafetear en una terraza que tenía como música de fondo la lluvia y los discursos televisivos de ambos mandarines haciendo sus balances de año. Nadie de la cafetería giró la cabeza para escucharlos porque nos da exactamente igual que digan lo que ya sabemos que van a decir. Yo tampoco levanté la vista del periódico. Sus voces eran como la musiquilla de la sala de espera de cualquier dentista, esa que te ponen para que sobrelleves lo mejor posible la tortura psicológica previa a la tortura física, con dentera incluida. Sánchez y Casado aburren porque son tan previsibles que no dejan un resquicio para la sorpresa. Cero autocrítica (para qué) y mucha propaganda y autobombo desde La Moncloa. Todo es un desastre, año «horribilis» y España desfaise, desde las filas populares. Lo de siempre y en directo. Cómo aburren. 

Paralelamente, en la mesa de al lado había tres septuagenarias muy divertidas y parlanchinas. En la media hora que estuve cafeteando se marcaron un intenso debate cruzado sobre política, coronavirus, el ¡brexit!, los migrantes y lo poco que se ponen de acuerdo nuestros políticos nacionales con los graves problemas de la calle. La mujer que tenía de espaldas, sentenció: «Nos piden sentidiño y eso es lo que les falta a ellos». Menuda granizada cayó después.

Feliz (a ver si es verdad) 2021.

Supertramp – It’s raining again

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