Documental: «Yo, Juan Carlos I, Rey de España»

Excelente el documental «Yo, Juan Carlos I, Rey de España» que emitió hace unas horas TVE 1 sobre el papel del monarca en el final del franquismo y en la instauración de nuestra democracia. Un trabajo periodístico y documental estupendo en un interesante recorrido histórico sobre su papel institucional, con sus aciertos y errores. Desde su infancia hasta la abdicación. Desde el punto final a la dictadura de Franco hasta la legalización del Partido Comunista de España. La pena es que el documental queda cojo al no reflejar las últimas andanzas personales del rey emérito que sonrojan hasta a los más monárquicos, causan vergüenza ajena y ponen en peligro a  la propia institución. 

Muy recomendable. Aquí lo tienes:

La lección de Galicia y el País Vasco: moderación y equilibrio

100 Elephants – Temps perdut

No hace falta ser politólogo ni darle muchas vueltas para entender lo que realmente sucedió en las elecciones del pasado domingo en Galicia y el País Vasco. La gente es mucho más sencilla en su forma de actuar y pensar de lo que algunos «expertos» y tertulianos intentan trazar con sus múltiples teorías geopolíticas y estratégicas que a pie de calle nadie entiende. Es todo mucho más simple. Los votantes han apostado este 12-J  por partidos tradicionales y conocidos dándole un severo portazo al populismo, a las mareas, a las marejadas y a las fuertes marejadas y sus corrientes, tan enfrentadas entre ellas. Bastante tiene la gente con sus problemas cotidianos como para entregar su voto a políticos expertos en vender humo y detectores de humo al mismo tiempo. Es de primero de Democracia que el grueso de los votantes en España se sitúa entre el centro izquierda y el centro derecha, un espacio que se caracteriza por la moderación, por huir de radicalismos y por poner y quitar Gobiernos cuando no funcionan o se corrompen desde las poltronas.

Por eso Feijoo y Urkullu han cosechado contundentes victorias que pasman al resto de España. Por eso Unidas Podemos y sus mareantes confluencias se han ido al carajo en Galicia y han quedado muy tocadas en el País Vasco. Por eso el BNG ha experimentado un subidón sin precedentes captando todo el voto de izquierda que huyó de las incoherencias de Iglesias y de lo poco que queda de aquel Podemos que surgió del espíritu del 15-M. Por eso Bildu sube en escaños gracias a un traslado de votos progresistas que beneficia al independentismo radical. Por eso el PSOE queda en evidencia al no captar a tantos votantes frustrados mientras ve cómo se desploma su socio en el Gobierno de España. Por eso los ultras de Vox no pintan nada en Galicia y prácticamente nada en el País Vasco. Por eso el cambiante Ciudadanos no se ha comido ni un rosco.

En mi opinión, los grandes perdedores de este 12-J han sido los entornos de Pablo Iglesias y de Pablo Casado. Las urnas les han metido a patadas en el cuarto de pensar. Sólo falta que piensen un poquito. El líder de Unidas Podemos reacciona diciendo, por enésima vez, que hay que hacer una “autocrítica” profunda sin querer ver que el verdadero problema es él mismo cuando empezó a convertir un prometedor partido de asambleas en su finca particular, quitando a las cabezas pensantes y críticas, y poniendo a su pareja como número dos. Ese traslado de Vallecas al casoplón y ese egocéntrico tic autoritario le está pasando severas facturas en varias partes de España.

Algo parecido le sucede a Pablo Casado. La cuarta mayoría absoluta consecutiva de Feijoo es un potente toque de atención al PP nacional que no quiere ver que la política de acoso y derribo permanente no conduce absolutamente a nada. Una parte del PP dice ahora que quiere implantar en España el «modelo gallego». Sencillamente lo veo imposible con el actual equipo directivo popular. Para empezar a hacer eso habría que sustituir toda la centralita, el software, la caja de cambios y la defectuosa correa de distribución de la marca Aznar que recalienta el motor popular con claro riesgo de que algún día gripe.

La lección de Galicia y el País Vasco es que la gente no quiere más tiempos perdidos, más experimentos políticos con gaseosa. Lo que quiere es gestión, moderación, eficacia, equilibrio y toneladas de diálogo para que los diferentes partidos dejen de enfrentarse y de marear la perdiz y se pongan de acuerdo en solucionar los problemas de todos. Para eso les pagamos. Para eso les votamos/confirmamos/apartamos cada cuatro años.

El PP debe pensárselo muy bien

Estamos en unas horas cruciales en el complejo combate contra el coronavirus en España y todo el mundo mira hacia el principal partido de la oposición, que en estos momentos se opone a dar luz verde a la cuarta prórroga del estado de alarma. En mi opinión, aferrarse a esa negativa es de locos. Los mismos que protestaron, con razón, porque el Gobierno de Sánchez no tomó medidas a tiempo contra el covid-19, ahora plantean que este domingo concluya el estado de alarma y ya podamos salir todos de casa…

El coronavirus sigue aquí (ayer se duplicaron en España los contagios del día anterior) y no sabe si hay Gobierno, si es de izquierdas o de derechas o si hay estado de alarma o confinamiento. Le da exactamente igual. Lo único que le interesa es infectar al máximo de personas como buen virus cabrón que es. En estos momentos en los que está en juego la salud de todos los españoles y que haya un mínimo de cordura y templanza política, enlazo con este interesante artículo de la periodista Victoria Prego, que centra balones directos sin regate alguno:

Casado no puede votar No al estado de alarma

Victoria Prego

De pronto las cosas se le han puesto feas al Gobierno, pero hay que decir de antemano que se lo estaba buscando desde hace más de un mes. Y eso es así porque al principio, seguramente por angustia ante la crisis que se le venía encima, pero después sencillamente por una soberana torpeza y una falta de visión política inexplicable y carente de justificación, el Gobierno no se ha tomado la menor molestia en hablar previamente con los partidos de la oposición, incluidos sus socios de moción de censura y de investidura, a propósito de las medidas que se disponía a adoptar para hacer frente al ataque del coronavirus.

Ni una llamada, ni una consulta, ni una mínima negociación que condujera a un pacto. Nada de nada. Tan solo la preceptiva comunicación telefónica -dos o tres minutos de conversación- del presidente para informar a sus interlocutores que pensaba pedir la obligada autorización al Congreso para decretar o prorrogar el estado de alarma en el país, esquema que se ha repetido en todas las ocasiones.

Hasta ayer. Ayer las cosas cambiaron cuando Pablo Casado se plantó. Porque sucede que esos que se gasta Pedro Sánchez no son modos de imponer al país entero a base de exigir a las fuerzas de la oposición que acaten sin rechistar unas decisiones que, si estuvieron justificadas en un primer momento habida cuenta de…

[+] El Independiente


 

Actualización 6/05/2020. El Congreso ha aprobado la cuarta prórroga del estado de alarma decretado por el Gobierno por la pandemia del coronavirus, que llevará las restricciones hasta las 0.00 horas del 24 de mayo. Esta nueva ampliación ha cosechado menos apoyo que las anteriores puesto que el PP se ha pasado a la abstención y ERC al bloque del ‘no’.