Los cíclicos arrebatos antidemocráticos del Partido Popular

Muy recomendable esta opinión de Tino Novoa, excompañero de La Voz de Galicia y -en mi opinión- uno de los mejores analistas políticos de este país:

El crítico deterioro de las condiciones materiales de vida y las negras expectativas de futuro de una amplia mayoría de la población generan desesperanza y, aún peor, desesperación. Caldo de cultivo propicio para todo tipo de radicalismos y extremismos. Y que los demagogos, cínicos y populistas de todo tipo de pelaje siempre se han apresurado a explotar. La sesión de investidura ha sido un triste y vergonzoso escenario en el que se han visto representados todos estos males. El PP ha vuelto a poner en marcha el ventilador del fango. Nada nuevo. Ya lo hizo Aznar contra González cuando perdió, en 1993, las elecciones que daba por ganadas, tanto que llegó a anunciar la victoria la misma noche electoral, poco antes de que la realidad le diera una sonora bofetada. Y ya lo hizo el PP de Rajoy cuando Zapatero le arrebató un triunfo electoral que creía asegurado. Ahora, Casado, patético émulo de Aznar, vuelve a las andadas y trata de deslegitimar el nuevo Gobierno al esfumársele la posibilidad de unas terceras elecciones, que es lo que realmente deseaba.

Los cíclicos arrebatos antidemocráticos del PP han hecho y siguen haciendo mucho daño a la convivencia ciudadana y a la salud de las instituciones. El Gobierno de Sánchez es tan legal como legítimo, y cuestionar lo uno o lo otro es socavar la democracia. Y con ello, no solo la daña, sino que alienta el extremismo y alimenta a Vox, que, conviene no olvidarlo, es una excreción del propio PP. Los excesos de los populares han allanado el terreno a los de Abascal como antes lo hicieran con los independentistas catalanes. Sería bueno que en el PP le hicieran ver a Casado las consecuencias de una nueva estrategia de acoso y derribo.

E incluso podría mirarse en el espejo de Albert Rivera. No sé si el mayor, pero desde luego uno de los mayores fracasos de la etapa democrática. Quien hace menos de… [+] Facebook de Tino Novoa

Suciedad televisiva

Si ensucias todo el rato te acabas manchando. Eso es lo que le está sucediendo a Telecinco estos días con el potente escándalo de la presunta violación ante las cámaras de Gran Hermano, ese espacio agotador y agotado que más que un experimento sociológico –como se llegó a decir– es un pestilente vertedero en sí mismo. Telecinco nos la hinca a todas horas con mucha suciedad televisiva, enriqueciendo hasta el insulto a grupetes que gritan y se ponen a parir ante las cámaras en un programado potaje televisivo que, increíblemente, le sigue gustando a parte de la audiencia. Esos agitadores maquillados viven ahora en auténticas mansiones.

La podredumbre catódica es muy rentable como también lo es el porno en Internet. Eso ya lo sabemos y poco mérito tiene tirar del «todo vale» para inflar cualquier cuenta de resultados y colgarse medallas. Lo que no queremos saber es que ese poso de basura en la pequeña pantalla empobrece socialmente y culturalmente a una parte de la población, ya que vomita a todas horas (ojo, también en horario infantil) un pésimo ejempo de lo que debería ser una televisión privada concedida por el Gobierno de España. 

Catalanes que han perdido el norte, el sur, el este y el lejano oeste

Dire Straits – Brothers in arms

Tecleo esto con profunda tristeza entre disparos de pelotas de goma, barricadas ardiendo, mucho humo, vallas y piedras que vuelan, cargas policiales, gente que grita, vecinos que lanzan agua desde su balcones, gases lacrimógenos y gas pimienta, periodistas trabajando con cascos de protección, calles cortadas y arrasadas, antidisturbios desbordados, decenas de heridos, algunos muy graves. Veo una inmensa retaguardia de gente con ganas de reventarlo todo. A lo bestia. Quinta noche de disturbios que promete ser la más larga y violenta.

No es Gaza o Siria. Es Barcelona, Cataluña, España, Europa. Escribo viendo en la tele la tremenda batalla campal en la Vía Laietana de la capital catalana que está completamente tomada este viernes por grupos de radicales muy organizados y convertida en zona de guerra. Muy triste todo. En cualquier momento podemos tener uno o varios muertos encima de la mesa acompañados de la activación de la Ley de Seguridad Nacional, o del artículo 155, o de un estado de excepción al que nadie quiere llegar. Todo depende de cómo evolucione para mal este desmadre colectivo.

No me preocupan los cientos de miles de ciudadanos que se manifiestan pacíficamente estos días contra la sentencia del Supremo porque están en su derecho y no han recurrido a la violencia. Tampoco me preocupan los cobardes de Torra, el fugado Puigdemont o los políticos presos –esos cínicos que los días pares agitan las calles y los impares ruegan que no haya violencia– porque todos son prescindibles y sustituibles. Y pronto caerán.

Los que realmente me preocupan son los que están tirando las piedras, los jóvenes y no tan jóvenes que están delinquiendo a pie de calle, los que están ejecutando con máxima gravedad y crudeza lo que se planifica, jalea o protege desde los altos despachos. Me refiero a ese par de generaciones de catalanes teledirigidas en el odio permanente a España. Esos cientos de miles de catalanes que han perdido el norte, el sur, el este y el lejano oeste. 

Fotos: Cuerpo Nacional de Policía, Albert Garcia y Óscar Corral (El País) y Pau Barena (AFP)

 

Nacionalegoísmo